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Los cachorros de Marilyn

Miriam Giovanelli y Michelle Jenner han posado con faja para una revista. Soy más partidaria de Marilyn, que se negaba a llevarla.

Rosa Belmonte
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La portada de Vanity Fair de este mes | Gonzalo Machado

En la portada de Vanity Fair sale una chica con faja. O eso parece lo que lleva la actriz Miriam Giovanelli. No es que la especie de toquilla con cabos que luce Michelle Jenner (una capa de Burberry Prorsum) sea más bonita, pero, vaya, es parecido a lo que lucía Emma Watson, a la que se homenajea. Lo de Giovanelli (a ti te toca la faja, chica, qué le vamos a hacer) es una cosa color carne ciñendo la cintura, algo tremendo. Y sí, reconozco que sólo la utilizo de excusa para hablar de fajas. Hay una famosa foto de 1964 en la que Laurence Olivier lleva también una (esta de verdad) para una obra de teatro. Un faja corsé, liguero, medias y un sujetador sin tirantes que sujeta con las manos. Eso sí es llamar la atención, pero lo exigía el guión, la obra. Soy más partidaria de Marilyn Monroe, que se negaba a ponerse faja. También bragas, aunque a veces, como excepción, se encasquetara dos. Se las puso dobles en la escena de la rejilla del metro de ‘La tentación vive arriba’. En una entrevista contó a George Barris cómo se rodó ese momento en que a ella se le levanta el vestido blanco (escena que provocó su divorcio de Joe DiMaggio). El aire de un ventilador subía su falda hasta la cintura. "Afortunadamente llevaba dos pares de bragas para evitar que asomara ningún vello púbico". A saber cómo llevaría aquello.

Pero a lo que iba. Marilyn explicó por qué se negaba a llevar faja. Bromeaba con que era uno de sus secretos de belleza pero como todo el mundo lo sabía, no había secreto alguno. "Creo que cuanto más natural le pareces a un hombre, mejor responde tu belleza. Y justamente ese es el motivo por el que te ve tan guapa. Yo mido 1.52 centímetros y peso 58 kilos. Mis caderas y mi pecho miden lo mismo, unos 93 centímetros. Mi cintura, 60 centímetros. Estas medidas no son las de una chica delgada, y tampoco quiero serlo. No parezco una modelo y no quiero parecerlo". Y todavía tenía más que decir: "No me gusta el aspecto que la faja da a las mujeres, aunque debo admitir que la ropa sienta mejor cuando la llevas. Y sé que casi todo el mundo me lo discutirá y me dirán que estoy equivocada, pero resulta que éste es un tema con el que soy especialmente testaruda. Y aunque no digo que sea lo mejor para todo el mundo, para mí resulta absolutamente ideal".

En el primer episodio de Feud, Joan Crawford asiste a los Globos de Oro de 1961 que premian a Marilyn Monroe: "Yo también tengo grandes tetas, pero no se las pongo a todos en la cara", dice Crawford con despecho. Pero no eran las tetas lo que más destacaba en la Monroe. En 1953 recogió un premio de la revista Photoplay. Todos hemos visto el vestido dorado que incluso al diseñador Travilla le parecía demasiado escotado. Lo mejor estaba por detrás. Un testigo del acto contó que, cuando caminaba, parecía que tuviera dos cachorros peleándose bajo unas sábanas de seda.

Vale, la excusa era para hablar del culo de Marilyn Monroe. Y de los cachorros.

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