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La historia de los títulos católicos que ostenta Felipe VI, como Rey de España

Entre los títulos vinculados al catolicismo, está el de Rey de Jerusalén, que ostenta como heredero de Fernando el Católico.

Con motivo de la visita de los Reyes a El Vaticano, donde han sido recibidos en audiencia por el papa León XIV, el Rey ha tomado posesión de un título honorífico y hereditario: el de protocanonigo honorario; un título vinculado con la Iglesia Católica, aunque no el unico que ostenta.

Tal y como establece la Constitución de 1978, en el artículo 56.2, el principal título de Felipe VI es el de Rey de España, aunque añade que "podrá utilizar los demás que correspondan a la Corona". Estos títulos son meramente simbólicos, pero constituyen un legado fruto de la acumulación de reinos y títulos nobiliarios que se han ido sumando con la expansión de las coronas de Castilla y Aragón, así como con las herencias de los Habsburgo y los Borbones, y que convierten a Felipe VI en una de las personas con más títulos del mundo.

Entre estos títulos, además de Rey de España, está el de rey de Castilla, de León, de Aragón, de Navarra, de Granada, de Toledo, de Valencia, de Galicia, de Mallorca, de Sevilla, de Córdoba. de Murcia, de Jaén, de Algeciras. de los Algarves y de las Islas Canarias. Asimismo, aunque España no ejerce soberanía sobre estos territorios en la actualidad, el Rey conserva el título como heredero de las antiguas posesiones de la monarquía hispánica en Europa como, por ejemplo, rey de las Dos Sicilias (Nápoles y Sicilia), de Cerdeña, de Córcega, de las Indias Orientales y Occidentales, y de las Islas y Tierra Firme del Mar Océano. Además, incorpora otros títulos como el de archiduque de Austria, duque de Borgoña, de Brabante, de Milán, de Atenas y de Neopatria, los condados de Habsburgo, de Flandes, del Tirol, de Barcelona, de Rosellón y de Cerdaña, así como los señoríos de Vizcaya y de Molina.

Entre los títulos vinculados al catolicismo, está el de Rey de Jerusalén, que ostenta como heredero de Fernando el Católico, que conquistó el reino de Nápoles y Sicilia y heredó los títulos de la Casa de Anjou, incluyendo el trono de Jerusalén. Se trata de un título meramente simbólico o ceremonial, sin poder de decisión, territorio ni implicaciones prácticas en la actual Jerusalén y que se ha mantenido en la monarquía española desde entonces.

Otro de los títulos vinculados con el catolicismo es el de Rey Católico o Rex Catholicissimus, una distinción otorgada por el papa Alejandro VI, quién en diciembre de 1496 concedió el título de "Reyes Católicos" a Isabel I de Castilla y Fernando II de Aragón a través de la Bula Si convenit por varios hitos que consideraba fundamentales para la cristiandad: desde la culminación de la Reconquista con la toma de Granada, a la expulsión de los judíos, la defensa de los Estados Pontificios frente a las invasiones francesas en Italia o el descubrimiento del Nuevo Mundo y su promesa de evangelización.

Sin embargo, pese a la buena relación de Isabel y Fernando con la Iglesia, fue Carlos I quien terminó de consolidar la unión. En 1517, por ejemplo, incorporó el tratamiento de "Católicas Majestades" a usos diplomáticos internacionales, cambiando el de Altezas Reales que se usaba hasta la fecha por el de "Católicas Majestades" algo que han sido y son todos los reyes españoles, incluyendo a Felipe VI.

Se trata de un título de la Corona española, de jerarquía honorífica, concedido para asegurar la lealtad ante el Papa, incluso a un nivel superior al equivalente de "Rey Cristianísimo", que ostentaba el rey de Francia o al de "Rey Fidelísimo" del rey de Portugal. Un título que pasó a ser considerado como hereditario y fue confirmado por los sucesivos Papas para los descendientes de la Corona.

El tercero, es el de protocanónigo un título histórico, ceremonial y hereditario, con unos derechos y obligaciones, por el que el Rey entra a formar parte del Cabildo Liberiano de la basílica de Santa María la Mayor de Roma. Se trata de una tradición diplomática y religiosa única en el mundo, que sigue vigente en la actualidad y que simboliza la protección histórica de la Corona española sobre el templo, así como el fortalecimiento de las relaciones institucionales y la historia de España.

Una protección que comenzó en 1647, con Felipe IV mediante la bula Hispaniarum Regum, en la que el rey recibía el título de Protocanónigo Honorario. Con este nombramiento, el Rey asignaba una renta anual al cabildo de la basílica a cambio de honores litúrgicos y rezos "por la salud del Rey, de la Familia Real, y por la prosperidad y el progreso del Reino".

En 1953, cuando se firma el Concordato entre la Santa Sede y España, por el que, entre otras cosas, se renueva dicho privilegio mediante la bula Hispaniarum fidelitas, también se restaura la Obra Pía, como se recoge en el párrafo primero del artículo XIII: "En consideración de los vínculos de piedad y devoción que han unido a la Nación española con la Patriarcal Basílica de Santa María la Mayor, la Santa Sede confirma los tradicionales privilegios honoríficos y las otras disposiciones en favor de España".

Actualmente, la Obra Pía gestiona el patrimonio histórico, artístico y religioso de la Corona española en territorio italiano, que depende del Ministerio de Asuntos Exteriores de España y está bajo el patronato del Embajador de España ante la Santa Sede. Es una institución única en el mundo: ningún otro país tiene una estructura similar en Roma que gestione propiedades soberanas de forma tan antigua y constante.

Entre ese patrimonio se encuentra la Iglesia de Santiago y Montserrat (la iglesia nacional de España en Roma) o San Pietro in Montorio, donde está el famoso templete de Bramante). También gestiona inmuebles cuyos alquileres sirven para financiar el mantenimiento de los templos y obras de caridad, colegios, así como obras de artistas como Bernini o pintores del Renacimiento y Barroco.

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