
Blanca Romero y Quique Sánchez Flores podrían haber roto otra vez. Y aunque no puede darse nada por sentado en esta vida, parece ser que esta sí que es la definitiva. La modelo y el deportista han atravesado varias crisis desde que se descubrió su relación a finales de 2025, cuando fueron fotografiados paseando por Madrid.
La confirmación de que estaban juntos vino directamente a través del perfil de Blanca Romero en la red social Instagram: coincidiendo con el estreno de 2026, la modelo publicó varias fotografías en las que aparecía Quique Sánchez Flores disfrutando de la casa que Blanca tiene en Asturias. En una de ellas incluso le veíamos compartiendo desayuno con Lucía, la hija de la actriz. Una imagen doméstica que demostraba que él estaba totalmente integrado en la familia de su novia.
Los primeros rumores de crisis surgieron poco tiempo después, a mediados de febrero, cuando Blanca borró de un plumazo todas las imágenes del entrenador. La actriz se explicó con una excusa poco creíble: que había decidido utilizar Instagram como herramienta de trabajo. Para acallar estos rumores, unos días después se dejó ver con el sobrino de Lola Flores, mucho más reacio a hacer declaraciones que ella. Parecía que habían superado sus problemas y que habían decidido apostar por la relación. Blanca reconoció que se le había ido de las manos eso de publicar en redes sociales, con Quique caminando dos pasos por detrás con cara de circunstancias.
Pero la que parecía la prueba definitiva de su amor llegó el 1 de marzo en el perfil social del entrenador, con una foto de la pareja besándose. No duró ni diez horas. Según el entorno de la pareja, la historia está finiquitada. A Quique Sánchez Flores no le ha gustado nada tanta notoriedad y mucho menos que fuese Blanca la que manejase las comunicaciones de los dos. Hay quien dice incluso que no fue él el que subió la imagen del beso y que al descubrirlo no se lo tomó nada bien. Desde su primera crisis nunca volvieron a seguirse mutuamente en Instagram, pero además el futbolista, que había abierto su perfil social, siempre cerrado al público, volvió a clausurarlo y se tomó incluso la molestia de ir eliminando, uno a uno, a todos los seguidores que había ganado y que no forman parte de su esfera privada.
El entrenador se refugia ahora en su familia, sobre todo en su hija, y en su nueva ocupación: poner orden en el Deportivo Alavés, con el que este domingo ha cosechado una de sus primeras victorias. Blanca, mientras tanto, está centrada en la interpretación y en la lectura, al menos eso vemos en sus redes, esas que, dice, usa para difundir sus andanzas laborales.

