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Katy Mikhailova

Lo que la muerte le dijo a la moda

Cuando les pregunten a los expertos "qué se lleva", dirán: todo, se llevan todas las modas, porque la moda, amigos, está de moda.

Katy Mikhailova
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Cuando les pregunten a los expertos "qué se lleva", dirán: todo, se llevan todas las modas, porque la moda, amigos, está de moda.
Jane Birkin y Serge Gainsbourg. | Cordon Press

Nacemos, vivimos intensamente y morimos; después nos vuelven a revivir. Somos las modas. La muerte nos visita al final del ciclo de la temporada, o de las temporadas, y hay veces que, una vez caducas, desconocemos si viviremos algún día. A veces no morimos de una vez, sino que vamos poco a poco desapareciendo.

Una vez me transformé en campana sobre un tejido llamado ‘denim’. Corría el año 70. No puedo quejarme. En aquella ocasión viví bastante. Mi ciclo de vida fue intenso. La muerte tardó en visitarme. Pero a finales de la década empecé poco a poco a enfermar, a no gustar, hasta que me mataron. Sin embargo, volví a vivir apasionadamente en la era 2000, con una campana aún más espectacular. En esta ocasión duré menos, a los 5 años una moda diferente, llamada ‘pantalones-pitillo’ me apartó dejando que otra vez caducara.

Y, cuando creía que ya era el principio del final definitivo, a los años volví a renacer una vez más, en torno a 2011, nuevamente campana; sólo que dicha campana partía de la cintura del pantalón -ya no sólo denim- de talle alto. Y ahora estoy volviendo a enfermar. La muerte siempre llega. Aunque quizá lo más triste es no llegar a vivir nunca, o vivir sin importarle a nadie, como ocurre en los muchos ateliers de diseñadores desconocidos para las masas.

La moda… o las modas, somos eso que hoy llamaríamos un fenómeno mediático pero efímero. Alguna vez hemos intentado mantenernos, sobrevivir, permanecer intactos en el tiempo, pero de eso sabe muy bien nuestro hermano, el estilo, eso que -como decía Chanel- queda cuando la moda se va. Nosotras somos superficiales y frívolas; nos usan para decorar los cuerpos, las casas, los platos de cocina, los coches, los bolsos y las joyas, la tele… Ir y venir, nunca permanecer. Nos utilizan cuando todos hablan de nosotras, y, en poco tiempo, sin darnos cuenta, nos abandonan con desprecio. "Esto no vale, está pasado, ya no se lleva", dicen cruelmente hiriendo nuestra sensibilidad.

Antes nacíamos de la mano de pintores y escultores, arquitectos; y, entre las altas esferas, nuestra forma e imagen se forjaba. Eso quedó muy atrás. Ahora nacemos de la calle, de un creador todopoderoso llamado Internet y, sobre todo, sobre todas las cosas, nos gestamos en Arteixo, en un sitio llamado Zara -o la que es la fábrica de Zara, Inditex-. Zara ya no "copia", ahora Zara es copiado. Esa es la realidad. Zara genera tendencias que pasan a ser imitadas por otras marcas.

Cuando nacemos y nos posicionamos como modas definitivamente, todos nos adoran; todos quieren llevarnos y presumir de nosotros. Pero, cuando morimos, tenemos que refugiarnos en los armarios y en las tiendas llamadas ‘outlet’. Nos decimos: "quizá algún día volvamos". Amiga muerte, solo te pido que cuando yo me muera, quiero que me entierren con mis revistas bajo las telas. A lo García Lorca, con mi gracia y mi poesía, porque quizá, sólo quizá, en una sociedad globalizada, algún día las modas convivirán unas con las otras, sin entrar en conflicto, y ese día llegará tal vez en un año llamado 2015. Cuando les pregunten a los expertos "qué se lleva", dirán: todo, se llevan todas las modas, porque la moda, amigos, está de moda.

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