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Evitar la depresión postvacacional es posible

Las vacaciones posibilitan salir del piloto automático y convertir septiembre en una oportunidad para vivir con mayor conciencia mental y emocional.

Las vacaciones posibilitan salir del piloto automático y convertir septiembre en una oportunidad para vivir con mayor conciencia mental y emocional.
Depresión postvacacional. | Unsplash/Anthony Tran

Con el verano en pleno apogeo, muchas personas disfrutan de sus vacaciones mientras otras ya han regresado a la rutina. Tarde o temprano, todos volveremos al trabajo, a las responsabilidades y a los horarios habituales. La buena noticia es que ese regreso no tiene por qué convertirse en una experiencia negativa si se afronta con una mayor conciencia sobre cómo vivimos nuestro día a día.

La psicóloga clínica especializada en regulación emocional, Lola Gómez, invita a replantear una idea muy extendida: la llamada "depresión postvacacional". Según explica en la entrevista mantenida en el programa Kilómetro Cero de esRadio, el malestar que muchas personas experimentan al finalizar las vacaciones no tiene su origen en septiembre ni en la reincorporación al trabajo, sino en la vida a la que regresan. Afirma que "no tenemos una depresión postvacacional, lo que ocurre es que septiembre actúa como un espejo". Gómez indica que "durante las vacaciones bajamos el ritmo y, al volver, aparece con fuerza aquello que llevábamos meses silenciando; por lo tanto, no es septiembre el que provoca el malestar; septiembre simplemente lo revela".

Cuando el problema no es el trabajo

Para Gómez, esa sensación de tristeza, apatía o ansiedad que aparece tras las vacaciones no responde necesariamente a la falta de motivación laboral. De hecho, muchas personas disfrutan de su profesión y, aun así, experimentan un profundo rechazo a volver a la rutina. "Lo que suele doler no es el trabajo en sí, sino recuperar una forma de vivir en la que ya no queda espacio para uno mismo", indica la especialista. De tal manera, "la verdadera pregunta no es cómo volver, sino cómo regresar de las vacaciones sin volver a anularnos".

Aunque las circunstancias laborales no siempre puedan modificarse, la psicóloga recuerda que existen pequeños márgenes de decisión que permiten recuperar parte de la autonomía personal, como cambiar algunas rutinas, incorporar actividades que generen bienestar o replantear la forma de afrontar cada jornada.

Vivir "en piloto automático"

Uno de los conceptos centrales del trabajo de Lola Gómez es el denominado "piloto automático": un estado en el que las personas dejan de tomar decisiones conscientes y comienzan a repetir hábitos y patrones adquiridos con el paso del tiempo.

"Cuando vivimos en piloto automático dejamos de elegir cómo responder a lo que nos ocurre y simplemente repetimos nuestras acciones. Y esa repetición acaba alejándonos de quienes somos hoy."

Entre las señales que pueden indicar que una persona está funcionando desde esa inercia destacan levantarse ya cansado, vivir cada tarea como una obligación, comer deprisa, respirar de forma superficial, reaccionar por impulso o terminar el día con la sensación de no haber estado realmente presente.

El cuerpo también envía señales

La especialista subraya que el cuerpo suele detectar antes que la mente que algo no marcha bien. "El cuerpo paga la factura de la desconexión. Cuando dejamos de escucharnos durante demasiado tiempo, acaba encontrando otras formas de llamar nuestra atención mediante síntomas físicos y emocionales".

A su juicio, muchas personas han aprendido a sobrevivir desconectándose de lo que sienten mediante el exceso de trabajo, el uso constante de pantallas o cualquier actividad que les permita evitar el contacto con sus propias emociones.

La importancia de la educación emocional

Para Gómez, una de las principales causas de esta desconexión reside en la escasa educación emocional existente. "No hemos aprendido a confiar en nuestras emociones ni en nuestro cuerpo. Hemos aprendido a controlarlas, a esconderlas o incluso a pedir perdón por sentirlas. Y esa desconexión tiene un coste enorme para nuestra salud."

Según explica, esta realidad se refleja diariamente en su consulta, donde muchas personas encuentran por primera vez un espacio seguro para expresar lo que sienten sin miedo a ser juzgadas.

Un septiembre para reconectar

Lejos de plantear grandes cambios de un día para otro, la psicóloga propone aprovechar el regreso de las vacaciones para introducir pequeños hábitos que ayuden a romper la inercia y recuperar el bienestar emocional.

Entre sus recomendaciones destacan dedicar unos minutos al día a observar la respiración, escuchar las necesidades del cuerpo, permitir que las emociones aparezcan sin intentar eliminarlas de inmediato y detenerse antes de reaccionar para responder de forma consciente a cada situación. "Cada vez que dejamos de reaccionar como siempre y elegimos responder desde quienes somos hoy, empezamos a salir del piloto automático. Ahí comienza el verdadero cambio".

En definitiva, Gómez considera que septiembre puede convertirse en una oportunidad para revisar la forma en que vivimos. "No se trata de transformar toda nuestra vida de un día para otro. Se trata de dejar de sobrevivir y empezar, poco a poco, a habitarnos de nuevo", concluye.

El método de trabajo de Lola Gómez integra el abordaje psicológico con la experiencia corporal para acompañar procesos relacionados con el estrés, la regulación emocional y el silencio mental, promoviendo el cuerpo como una herramienta de cuidado y prevención de la salud psicoemocional.

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