
Los titulares de la prensa de Sevilla de los días 16 y 17 de diciembre destacaban que se habían reunido 23 fundaciones para preparar el Centenario de la Generación del 27. La Universidad de Sevilla, el Ayuntamiento de la ciudad, el Ateneo y la Academia de las Buenas Letras han coordinado dos días de trabajo cultural. El objetivo principal de esta reunión ha sido convertir a Sevilla, cito textualmente a la directora del evento, Eva Díaz Pérez, "en el epicentro de la Generación del 27 para celebrar el centenario". Todo lo que se organice en torno al 27 debería pasar por Sevilla. Está bien planteado el proyecto mercantil y turístico de las instituciones convocantes. Imagino que el Alcalde-Presidente de la ciudad del Betis ha pagado un viajecito a Sevilla a todos los responsables de esos centros culturales y fundaciones para una puesta en común sobre la citada generación, y, de paso, se ha autoproclamado guía privilegiado de la celebración. No está mal, pensando en términos de "política cultural", o sea, de instrumentalización de un acontecimiento sucedido hace casi cien años. Saldrá bien. De hecho ya han tomado la iniciativa para seguir alimentando un mito: la Generación del 27.
Por cierto, y antes de seguir comentando los peligros en que puede incurrir este tipo de iniciativas, el número de instituciones es apabullante. He aquí las 23 citadas:
Residencia de Estudiantes (Madrid).
Centro Cultural Generación del 27 (Málaga).
Fundación Federico García Lorca (Granada).
Fundación María Zambrano (Vélez-Málaga, Málaga).
Fundación Jorge Guillén (Valladolid).
Fundación Francisco Ayala (Granada).
Fundación-Archivo Manuel de Falla (Granada).
Fundación Gerardo Diego (Santander).
Casa-Museo de José María Cossío (Santander).
Archivo-Museo Sánchez Mejías (Manzanares, Ciudad Real).
Asociación de Amigos Vicente Aleixandre (Madrid).
Fundación Legado Miguel Hernández (Quesada, Jaén).
Fundación Cultural Miguel Hernández (Orihuela, Alicante).
Fundación y Museo Gregorio Prieto (Madrid y Valdepeñas, Ciudad Real).
Centro Luis Buñuel (Calanda, Teruel).
Patronato y Museo Carmen Conde y Antonio Oliver (Cartagena, Murcia).
Casa-Museo Zenobia-Juan Ramón (Moguer, Huelva).
Fundación Juan Rejano (Puente Genil, Córdoba).
Fundación Rafael Alberti (El Puerto de Santa María, Cádiz).
Museo Ramón Gaya (Murcia).
Biblioteca Fernando Villalón (Morón de la Frontera, Sevilla).
Fundación Caballero-Thomas de Carranza (Madrid).
Fundación León Felipe (Zamora).
Perdonen el listado, pero lo transcribo para que se hagan una idea de lo que se invierte en España en promocionar la Generación del 27, aunque yo no hablaría tanto de promocionar cuanto de alimentar un mito. Se trata de seguir magnificando un grupo poético como si se tratara de algo uniforme sin entrar en lo que los diferencia, o peor, estos autores son leídos con anteojeras ideológicas. Hablar del 27 como un todo es contribuir a la mitificación, o sea, a la ocultación de la realidad del grupo poético más importante de la literatura española del siglo veinte. Mientras no se plantee con rigor y seriedad la pluralidad poética de estos autores, estaremos contribuyendo a construir un mito con pies de barro. Y, en principio, nada tengo yo contra los mitos, sobre todo si no hacen daño a los mitificados. Pero creo que no es el caso. Por eso, soy reticente con este tipo de eventos y bailes de disfraces sobre una de las épocas más ricas de la cultura española, en general, y de poesía en particular.
El mito de la Generación del 27 es menester desmitificarlo. Y no creo que las conclusiones, al menos las que he leído en la prensa, de este encuentro sean para tirar cohetes. No es demasiado decir en un lenguaje formal y burocrático que se ha consolidado un espacio de trabajo común entre fundaciones culturales. Se han definido proyectos concretos y compromisos iniciales en el marco del centenario. Y, sobre todo, se ha posicionado a Sevilla como centro de articulación cultural del legado de la Generación del 27, con el ánimo de estimular iniciativas académicas y de difusión pública que seguirán desarrollándose en 2026 y 2027.
Todo eso es retórica vacía, cuando no se abordan los problemas fundamentales de fondo. La "magnificación" o "idolatrización" en su conjunto de la "generación" del 27, o sea, la manipulación ideológica y política de ese grupo poético ha primado sobre el estudio serio, la divulgación responsable y el disfrute libre de prejuicios de estos poetas. Quede claro que me parece legítimo que Sevilla quiera liderar un rollo vagamente cultural, en este caso el de la G- 27. Nada que objetar, salvo que eso podría ser reivindicado también por Tudanca, Valladolid, Málaga, Santander, Moguer, Madrid, Granada, y hasta México D.F. podría postularse como capital del 27 o es que acaso no estuvieron allí Bergamín y Altolaguirre? También allí escribieron obras importantes Prados y Cernuda, y allí murieron. Si nos ponemos exquisitos, o sea, si buscamos un motivo para hacernos merecedores para liderar qué hacer en el 2027 con los del 27, pronto encontraremos, como mínimo 23, es decir, tantas "razones mitológicas" como fundaciones han participado en Sevilla.
¿Por qué no hacer de Manzanares el centro de la G-27? Pues en este pueblo está todo el archivo de quien donaron el viaje a Sevilla de un grupo de amigos para conmemorar el centenario de Góngora. Sí, Manzanares recibió con cariño lo que rechazó Sevilla, o mejor, la plaza de toros de Sevilla, La Maestranza, no quiso gestionar lo que le donaron los herederos de Sánchez Mejías y tuvo que hacerse cargo el ayuntamiento de Manzanares, donde el diestro sevillano recibió una cornada que le provocó la muerte. ¿Y por qué no convertimos a Moguer, en Huelva, en el núcleo emergente de la poesía del 27, puesto que allí nació el padre poético de ese grupo, Juan Ramón Jiménez y, además, hay un segundo motivo añadido, allí está enterrado el grandioso JRJ, que en su segunda etapa estuvo a su vez muy influido por los "discípulos" del 27 (sic). Y por qué no considerar la Casona de Tudanca (Santander), hogar de Cossío, y donde se conservan el mayor número de originales de esos poetas, por ejemplo, El llanto de Ignacio Sánchez Mejías, el "epicentro", uso la palabra de la coordinadora del evento sevillano, de la Generación del 27.
Si se trata de promocionar, en fin, la ciudad de Sevilla, maldita falta que le hace con los millones de turistas que acoge todos los años, sirviéndose de un mito, a saber, la "Generación del 27", nada tengo que objetar, excepto, repito, que ese falso "argumento" hace un flaco favor al contenido real del grupo poético del 27. Es cierto que se reunieron en 1927 en un salón del Ateneo de Sevilla, donde según cuenta Dámaso Alonso, solo había menos gente entre el público (solo había siete personas) que conferenciantes alabando a Góngora. Y se hicieron una foto… Pero desmitifiquemos un poquito el asunto. No hagamos de la foto un Mito que oculta lo Real. Mostremos que la cosa es un poco más compleja. Reducir todo a eso, a una foto, una conferencia, una juerga en Pino Montano, etcétera, ha sido una catástrofe cultural. Es tan reduccionista esa imagen como mantener que los del 27 son la Generación de la Dictadura de Primo, o la Generación del exilio, etcétera…
Regeneremos algo que degeneró hace tiempo. Demos nuevo ser a una cosa que se ha hecho anacrónica. Restablezcamos y mejoremos lo que está ajado. Empecemos por cuestionar el nombre: nunca estuvo bien visto lo de "Generación del 27" por los propios poetas del 27. Gerardo Diego se negó a utilizar el término generación y habló siempre del grupo del 27. Tampoco Jorge Guillén era muy partidario de utilizar el término, aunque lo usará en el apéndice de su libro Lenguaje y poesía. Fueron, en efecto, los propios poetas de esa comunidad de amigos los que se negaron a construir una mítica generacional. De ahí que Jorge Guillén dijera: "No podría llamarse lost generation a la de estos poetas que trabajó como grupo entre 1920 y 1936; a pesar de tantas vicisitudes, han seguido adelante".
En verdad, aparte de la amistad, siempre hubo una cosa en común entre todos los autores del 27: el amor a España. "Superior a tantas crisis, España se mantiene y se mantendrá en pie" (Jorge Guillén). Bastaría tomarse en serio esas palabras del vallisoletano para honrar en 2027 las plurales y variadas poéticas de los poetas del 27. Si además se tuviera en cuenta lo defendido por el director de la Fundación Jorge Guillén, entonces tendríamos resueltos los preparativos del Centenario del 2027. Sí, debería hacerse, seguimos a Antonio Piedra, una regeneración de una Generación que lleva 100 años repitiendo los mismos supuestos y tópicos. Es necesaria una desmitificación de una Generación que ha hecho de cada "yo" una teología. Es urgente una despolitización de una Generación, politizada hasta las trancas desde el primer día. Y, en fin, deberíamos centrarnos en la poética de cada uno de los autores deslindando meridianamente sus aportaciones estéticas y de pensamiento. En fin, si la reunión de las 23 fundaciones celebrada en Sevilla ha servido para cubrir alguno de esos aspectos, bienvenida sea. El tiempo dirá si ha servido para algo.
