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Muñecos y faldas

Semáforos con fines paritarios, ahí es nada, rompiendo techos de cristal con pelotas de espuma.

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Un semáforo paritario | EFE
Conozco a algún hombre que no soporta a las mujeres con pantalones. Y ustedes también lo conocen (pero no lo revelaré ni bajo tortura; bueno, bajo tortura sí, hasta con cosquillas). Lo que no sé es si le gustarán los semáforos valencianos con falda. De muñequitas con falda. Semáforos con fines paritarios, ahí es nada, rompiendo techos de cristal con pelotas de espuma. Vale que no les ha costado un duro, pero esa no es la cuestión. Tampoco cuesta dinero decir hombres y mujeres, compañeros y compañeras o palabros como concejala, pero da mucha vergüenza. Es verdad que no son los primeros ni los únicos. Lugo, La Coruña, Fuenlabrada y Sagunto también tienen figuras de chicas en los semáforos, pero Valencia es la primera gran ciudad de España que lo hace. Desde el Ayuntamiento creen que así se hace visible su defensa por las políticas de igualdad y contra la discriminación. Ya te digo yo lo que hacen visible. Un ridículo espantoso. Podría decir que es un gesto simpático si no fuera por las justificaciones que dan. ¿Qué diría Simone de Beauvoir?

Han tenido esta iniciativa en la víspera de la celebración del Día Internacional de la Mujer. "Las mujeres también han de contar. Hasta ahora no se había contado con esta perspectiva de género en la ciudad", han dicho los responsables. Mira que entre las cosas para las que no se cuenta con mujeres jamás se me habría ocurrido el semáforo femenino. Y eso que yo a veces he necesitado ayuda para cruzar la calle. La primera vez que fui a Los Ángeles, un taxista no me quiso llevar desde Rodeo Drive al Beverly Hilton porque decía que estaba muy cerca. Hombre, no era ir a Malibú... Así que me eché a andar (en una ciudad, al menos por las cercanías de Beverly Hills, donde no caminan ni los perros). Llegué a una calle muy ancha, casi carretera y esperé a que el semáforo se pusiera en verde. Se puso y cuando coloqué un pie en la calzada empezó a parpadear. Así que me quedé quieta y no crucé. Yo qué sabía cuánto duraba ese parpadeo. Que estaban los coches ahí rugiendo como en la parrilla de Nürburgring. Esperé para comprobar la duración del parpadeo. La siguiente vez que se puso verde, todavía dudaba si adentrarme en esa jungla de coches. Un homeless que había tirado en la acera empezó a gritarme "Go, go, go". Entiendo que también podría haberme gritado gilipollas. Creo que al final crucé porque recuerdo haber llegado al hotel.

En La Paz, la capital boliviana, para que la gente cruzara por los pasos de cebra, pusieron un tipo disfrazado de cebra que animaba con aspavientos a los peatones a cruzar por el sitio correcto. Hasta ahora las mujeres valencianas, que no se sentían representadas por el muñeco hombre, seguramente no cruzaban las calles. Se quedaban quietas como yo en Los Ángeles.

A la exministra de Cultura Carmen Alborch le ha parecido muy bien. Porque es una "manera de tener en cuenta a las mujeres". Por lo de "visibilizar la presencia de las mujeres en la ciudad". Pues más se visibilizan (¿pero qué verbo es este?) mujeres como ella y Consuelo Ciscar. Con esos pelos a ver quién no te ve. Nosotras caminamos, nosotras cruzamos.

Me produce mucha desazón reírme de lo mismo que muchos energúmenos, pero es que tanta memez me abruma. Hasta Unamuno me cansa cuando escribe aquello de "No hay Otelas" (uno en Niebla refiriéndose a las mujeres). "Ni Desdémonos", contesta el otro". Pablo Iglesias y Errejón han puesto su careto en carteles del Día de Internacional de la Mujer. No, si todavía me van a representar más las muñequitas con falda de los semáforos que estos muñequitos.

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