Menú
Con tu apoyo hay más Libertad
  • Sin Publicidad
  • Acceso a Ideas
  • La Ilustración Liberal
  • Eventos

El pingüe negocio de la cultura

Nadie parece compadecerse mucho de los creadores de la ciencia, el conocimiento o el arte.

0

Al parecer, eran muchos los políticos encantados con un estrafalario máster organizado por la Universidad Rey Juan Carlos. Pero no hay que asombrarse demasiado. Simplemente, se ha podido comprobar que una política se ha aprovechado del sistema corrupto que rige en las universidades españolas, al menos en unas cuantas. Nótese que ya no dependen directamente del Ministerio de Educación, que ahora lo es también de Cultura, Deporte y no sé qué más. Ahora se encuentran instaladas en el organigrama de las distintas regiones, mal llamadas "autonomías", que son una sentina de corrupción institucionalizada. La cual ha llegado también al mundo universitario.

La cuestión es primordialmente económica. Las universidades no pueden sobrevivir más que con el objetivo de conseguir el mayor número de alumnos con las matrículas más caras que resistan. Como es lógico, tal planteamiento impone ser lo más benévolos que se pueda para aprobar a los alumnos o dar títulos a los egresados. Es natural que proliferen los másteres y cursos cortitos. A favor de esa corriente se halla el creciente aprecio de la sociedad para toda clase de títulos, diplomas y certificados de estudios. En la selvática competición por obtener más y mejores puestos de trabajo, todo vale.

La cosa no termina aquí. Por la misma razón de lo dicho antes, se valora como mérito para el currículum el hecho de presentar ponencias o comunicaciones en todo tipo de congresos científicos o profesionales. No importa la calidad. Basta con el hecho del papeleo correspondiente. No se exigirá calidad, pero sí que el comunicante deposite previamente un monto (ahora se dice "montante") de dinero para inscribirse en el congreso o reunión correspondiente. No suele haber ningún control de qué se hace con esos dineros. Resulta extraño que se cobre un dinero al que dice haber trabajado.

Otro negocio, aún más suculento, es el de la edición de papeles y libros. No funciona el sistema de derechos de autor. La razón es que el contrato de edición supone que una de las partes decide por su cuenta qué tiene que pagar a la otra. Los autores tragan con lo que parece más bien una estafa porque les importa publicar a toda costa. Ya se sabe que un título publicado sirve para el currículum o al menos supone un buen ejercicio de vanidad. La degradación del mercado editorial es tal que algunos empresarios del gremio (ahora se dice "sector") cobran a los autores por disponer de sus manuscritos. El caso eminente es el de las tesis doctorales o similares.

Funcionan verdaderas empresas-buitre, muchas de alcance internacional, a la caza de ingenuos autores para que les cedan sus manuscritos con vistas a su publicación. Hoy se imprimen los libros según los va pidiendo la demanda, sobre todo después que muchos libros se hacen on line. Ni qué decir tiene que, con todo esto, las librerías tienden a desaparecer. Las imprentas tampoco son lo que eran. Lo peor es que, con el nuevo sistema de edición, la calidad de los textos está cayendo en picado. A nadie parece importarle tal minucia. Una tesis doctoral (y casi todas merecen el cum laude) puede despacharse tranquilamente como un montón de recortes encuadernados, al que se añaden algunas páginas de corta y pega. Dado que las tesis doctorales son documentos públicos, sería del mayor interés que se fueran revisando para que se enterara el público. En estas mismas páginas digitales José García Domínguez lo ha hecho con la tesis del señor Junquera, el líder de Esquerra Republicana de Catalunya. El hombre está en la cárcel por otros motivos, pero supongo que sentirá vergüenza ante la calidad de su trabajo, el que lo habilita como catedrático.

La consecuencia de todo lo anterior es que la cultura se ha convertido en un pingüe negocio, en el que los pillos se llevan el gato al agua. Nadie parece compadecerse mucho de los creadores de la ciencia, el conocimiento o el arte. Esas son palabras antiguas que han perdido una gran parte de su valor.

En Cultura

    Lo más popular

    0
    comentarios

    Servicios