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Agapito Maestre

La Plaza del Pelícano

La democracia en España está a punto de desaparecer. Todo es políticamente correcto. Las opiniones inteligentes fueron excluidas y ya solo queda la “opinión pública”. Es difícil encontrar otras épocas de nuestra historia más represivas que la actual.

Agapito Maestre
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La democracia en España está a punto de desaparecer. Todo es políticamente correcto. Las opiniones inteligentes fueron excluidas y ya solo queda la “opinión pública”. Es difícil encontrar otras épocas de nuestra historia más represivas que la actual.
Ángels Barceló implora a Pablo Iglesias que no abandone el debate. | EFE

¿Qué es la corrección política? Es una señora de la SER arrodillándose ante un apologista de la violencia. ¿Qué es la corrección política? Es un periodista de la derecha con ínfulas de “progre" arremetiendo contra la señora Monasterio por ser “políticamente incorrecta”. El colmo. Salgo de mi perplejidad con una celestial frase aparecida en Sevilla. La Plaza del Pelícano, noble animal que salva a sus hijos con su sangre, acoge la crítica más sutil y certera que hoy puede hacerse de un sistema político moribundo. En la Plaza del Pelícano ha aparecido el espíritu underground del inventor de Andalucía: aquí cabemos todos o no cabe ni Dios. Quizá por eso lo hicieron Santo. El mensaje clave en el epitafio del sepulcro de Fernando III, en la catedral de Sevilla, ha aparecido en forma de pintada urbana en una castiza plaza de de España: Dejen de prohibir que no alcanzo a desobedecer todo. Nada más libre y libertario que esta pintada. Nada más sutil e inteligente hallaremos en la moribunda España que este cartel contra los cobardes. Nada más preciso que la desobediencia civil frente a la prohibición de los poderosos. Es el único camino.

La crisis quedó lejos. Ya solo esperamos velar un cadáver. La democracia en España está a punto de desaparecer. Sánchez e Iglesias están rematado el moribundo sistema político que dejaron Rodríguez Zapatero y Rajoy. Todo es políticamente correcto. Las opiniones inteligentes fueron excluidas y ya solo queda la “opinión pública”. ¡Opinión pública! Da risa apelar a ella. Es poca cosa. O peor, es el cotidiano placebo que toman los incautos, aterrados seres humanos, que quieren morir sin dolor. La “opinión pública” ha quedado herida de muerte. Decir hoy opinión pública es exaltar lo “políticamente correcto”. La “corrección política” es un método de producción de miedo y terror, incluso una forma elemental de generar un asco primario, que obliga a las personas a abandonar su voluntad de ser ciudadanos. Es la negación de la Política. O utilizas un tipo de lenguaje, y sólo uno, naturalmente, impuesto por el que tiene el poder, o serás perseguido, expulsado y sometido a una muerte civil.

Epitafio del sepulcro de Fernando III

Detrás de la expresión “corrección política” no se esconde otra intención que generar miedo y terror en todos los seres humanos, especialmente en aquellos que desean participar en un proceso de creación de bienes públicos, porque en cualquier momento pueden reprocharles su heterodoxia, o sea o no someterse a las reglas de lo “políticamente correcto”. La “corrección política” no tiene otro objetivo que eliminar al disidente. Al Ciudadano. Quien cuestione las premisas del poderoso, que determina lo correcto y lo incorrecto en el debate político, tiene que ser inmediatamente rechazado y perseguido. Es necesario excluir en nombre del “lenguaje inclusivo”. La exclusión es, naturalmente, extensiva a periodistas, intelectuales y críticos del poder en los medios de comunicación. ¡Para qué hablar de los editores y directores de medios que prescinden sistemática y obstinadamente de los mejores! Perversa es la corrección política en la casta política, pero su utilización en los medios de comunicación es un agravamiento de lo más escabroso y sórdido de su contenido.

La “corrección política” es el gran montaje ideológico de nuestro tiempo para perseguir la libertad. En España conocemos bien la cosa. Nuestra reciente historia política es un extraordinario montaje para eliminar e incluso darle matarile civil a quien critique radicalmente el poder. La cosa ha llegado a tal grado de degradación que hasta un “cualquiera”, un junta-letras en un periódico o un matón de la política, puede dictar quién es digno de participar en un proceso electoral. Los españoles conocen bien qué es la corrección política: adaptarse y arrastrarse en cada momento a lo que dicta el poderoso. La ley,  o mejor, todas las leyes son aprobadas y utilizadas para ahormar, o sea, adaptar a los ciudadanos a un sistema político injusto. Se trata de reducir la pluralidad humana de una sociedad a multiplicidad animal.  La “corrección política” es un proceso terrible, inquisitorial, contra la sagrada libertad de los individuos, que lleva aparejado prohibiciones y más prohibiciones. Es difícil encontrar otras épocas de nuestra historia más represivas que la actual. ¡Sin nostalgias de pasado alguno, ay, tengo que reconocer que cuesta comparar este tiempo de “corrección política” con otras recientes de nuestra historia en asuntos de impedimentos, vedas, vetos, tabúes, condenas, inhabilitaciones, negativas, exclusiones, restricciones, interdicciones, privaciones, inhibiciones, ordenes, mandatos, preceptos y proscripciones contra la sagrada libertad de los individuos!

No me extraña que el genio popular haya concentrado todas sus energías en un grito underground, una pintada sutil, en la Plaza del Pelícano de Sevilla: Dejen de prohibir que noalcanzo a desobedecer todo. Es el título elegido por Gonzalo García Pelayo para su próxima película. Mañana empieza su rodaje. Desentrañará el  contenido emancipatorio de esa pintada para todos los españoles a la par que dará puerta con fruición poética, es decir, con lo más preciado del nuevo urderground  libertario, a lo “políticamente correcto”. Desobedecer y desobedecer, civilmente hablando, es la única salvación, o sea o salvamos nuestra circunstancia o aquí no se salva ni Dios.

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