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Crítica: Adele y el misterio de la momia

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Adele y el misterio de la momia adapta el popular cómic galo 'Las extraordinarias aventuras de Adéle Blanc-Sec', ideado por Tardí, en una alocada pero irregular comedia fantástica que demuestra, de todas formas, por qué los franceses son los más aptos en recoger el testigo del cine comercial europeo.

Luc Besson, su director, es una personalidad ciertamente particular. Vinculado siempre al cine más comercial, su trayectoria incluye toda una batería de títulos de acción como productor y guionista (el último de ellos, la distraída Desde París con amor) así como una carrera como director que últimamente había derivado demasiado hacia productos igualmente inocuos, pero más industriosos todavía, como la saga de Arthur y los Minimoys. Adele y el misterio de la momia es el retorno de este hiperactivo galo, antaño artífice de El quinto elemento o León: El profesional (todavía su mejor película) al cine de puro espectáculo con marcada personalidad francesa, con una película de talante menos infantil del que su título da a entender.

Desgraciadamente y, sin que deba ser considerada un desastre narrativo, Adele y el misterio de la momia sigue dos líneas paralelas que no se juntan hasta pasada la mitad del metraje de la cinta. Ambas son divertidas por separado, y cada una de ellas alberga momentos deliciosos, pero cuando toca entretejer una trama con objetivos concretos se revelan demasiado distintas y forzadas como para colaborar entre ellas, haciendo que diversos personajes pululen por el relato sin ubicarse claramente en él. Esta esquizofrenia, en la que Besson tampoco sabe si tirar por la aventura exótica o la pura comedia negra, por complacer a un público genérico y familiar o a otro más peculiar, puede funcionar de forma maravillosa en un cómic, pero no da garantías en la pantalla grande. El film asume demasiado que conocemos las aventuras de Adele en las viñetas, lo que colabora a descolocar todavía más al personal.

Pero quizá nos hemos extendido demasiado con los defectos de Adele y el misterio de la momia. En el otro lado de la balanza, nos encontramos con una comedia aventurera, fantástica y lunática que aporta una razonable dosis de imprevisibilidad en el empantanado panorama del cine comercial actual. Besson triunfa al ubicarnos en el escenario con un sentido del humor desenfadado y un estilo visual claramente inspirado en Amelie, de Jean Pierre Jeunet, aunque esa no sea su única referencia. Y lo cierto es que ese aire retro le sienta de locura al escenario parisino. Además, la factura técnica acompaña. Si ese nivel de producción se mantiene y se pulen esos defectos en la arquitectura general de la cinta, estaría realmente bien ver otra aventura de Adele Blanc-Sec.

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