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Juan Manuel González

'No controles': La Jungla de Cristal, pero del amor

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Esa es la frase con la que Juancarlitros, interpretado por Julián López, define la situación de Sergio –"Sergius"- en No controles: atrapado con su ex pareja, a la que intenta recuperar, y un nutrido grupo de colegas en un hotel en plena Nochevieja, al ser retrasado el vuelo de todos ellos. Y para desgracia de Sergio, ninguno está dispuesto a dejarle en paz...

Borja Cobeaga consiguió con Pagafantas congraciar a crítica y público, algo difícil de conseguir en una cinta de debut, y más aún de mantener. En su segunda película, No controles, el director y guionista vasco continúa en esa línea con una comedia romántica juvenil que destaca por su tono irónico y a la vez benévolo, pero sobre todo por la presencia de un fenomenal Julián López, que entrega con su personaje Juancarlitros otra aportación definitiva del humor chanante a la cultura popular española.

En efecto, No controles destaca por confirmar en la pantalla grande el relevo de un humor español diferente, alejado de algunos tics carpetovetónicos que lo distanciaban del nuevo público y que parecían más propios de algún sainete televisivo al uso. Cobeaga se mueve en otra órbita, cultiva una comedia sentimental juvenil y gamberra pero no estúpida, que en No controles deriva eficazmente en un complemento ingenuo y blanco al delicioso resentimiento que palpitaba en Pagafantas.

Pero el guión de No controles, bien logrado en su armazón cómico y en los diálogos, es demasiado irregular, amenaza con desmayarse a menudo, y hubiera necesitado de mucha más locura y perrerías en su hilo conductor. La discreta puesta en escena tampoco está para recoger el testigo en los momentos en los que el guateque flojea y el conjunto es demasiado dependiente de lo que es, sin duda, el fuerte de Cobeaga: el trabajo con los actores. Ahí es donde No controles aporta un bálsamo a la maltrecha comedia española gracias, sobre todo, a ese diablo llamado Julián López y a la maravillosa actriz Alexandra Jiménez, que defiende bien un personaje que es inexplicablemente breve. En el filme son los secundarios y no el protagonista los que se llevan el trofeo del espectador.

Quizá que el componente romántico no interese se deba a un guión que mira demasiado hacia atrás y, también, a cierto desgaste de la fórmula Judd Apatow, cineasta americano responsable de la reciente moda de comedias de colegas y hombres inmaduros y de la que No controles sirve de muestra española.

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