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Juan Manuel González

'RED': Las viejas glorias siempre dan la cara

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Red es la adaptación cinematográfica del brevísimo cómic homónimo creado por Warren Ellis y dibujado por Cully Hammer, convertido ahora en una comedia de acción que transforma la seca violencia de las viñetas originales en algo mucho más cómodo y satisfactorio para el espectador cinematográfico. Eso no quita valor a Red, la película, o en todo caso no demasiado, puesto que el filme sí conserva cierto poso amargo heredado directamente del cómic, y además amplía su constelación de personajes con toda una galería de elementos de cuidado. El resultado es una comedia casi coral de acción disparatada con un reparto absolutamente estelar, aspectos que le valieron una nominación al Globo de Oro a la mejor comedia en los pasados premios de la Academia de la Prensa Extranjera.

En efecto, por Red se pasean, además de Bruce Willis, nada menos que Helen Mirren, Morgan Freeman, un descocadísimo John Malkovich, Brian Cox, Ernest Borgnine y un felizmente recuperado Richard Dreyfuss -vestido de diabólico republicano-, todos ellos pasándoselo en grande interpretando a viejas glorias de la CIA convertidos en objetivos de una nueva generación de espías que los quiere muertos, vaya usted a saber por qué. Todos ellos se ven forzados a formar equipo de nuevo y demostrar a la nueva generación que siguen siendo los mejores...

Y el alemán desembarcado en Hollywood Robert Schwentke lo pone en escena con una regia formalidad teutona que, si bien rebaja la intensidad del mejor Wolfgang Petersen (es decir, el que dirigió obras como En la línea de fuego, Estallido e incluso Troya) sí es más que suficiente para organizar una fiesta con los pies más o menos bien pegados al suelo. Schwentke forma parte de ese grupo de realizadores que saben dejar la cámara quieta, dejar hablar a los actores -graduando de forma excelente, por cierto, la aparición de los sucesivos protagonistas- y privilegiar la creación de espacios incluso en las escenas de acción más espectaculares. Dicho brevemente, un director dotado de un sentido de la sobriedad que se impone de forma automática sobre el carácter de híbrido de una propuesta como Red.

Una película que, en definitiva, opta por destacar el humor negro por encima de la propia acción y que con ello obtiene momentos de cierta frescura y elegancia, y que sin brillar en nada en especial, sí regala dos horas de limpio entretenimiento. No obstante, con todo eso, uno hubiera querido unas gotas de locura adicional, un filme deliciosamente retorcido e inverosímil que aquí quiere asomar de cuando en cuando y que habría valido a Red un puesto en el olimpo de pequeñas películas para el recuerdo. Del lamentable e innecesario epílogo apenas hablamos, por ser tan fácil de ignorar que no hace casi daño.

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