Menú
Juan Manuel González

'Código fuente': tu nuevo día de la marmota

0

El soldado Colter Stevens (Jake Gyllenhaal) despierta en un tren de camino a Chicago. A pesar de que no tiene ni idea de cómo ha llegado allí, la pasajera que se sienta junto a él (bellísima Michelle Monaghan) parece conocerlo muy bien. Muy pronto Colter se da cuenta de que está habitando otro cuerpo, uno que no es el suyo... Un instante después, una bomba explota asesinando a todos los pasajeros del convoy. Y segundos más tarde, Colter vuelve a despertar en el mismo tren, ocho minutos antes de que todo ocurra de nuevo...

El director británico Duncan Jones, que debutó hace un par de años con la agradable cinta de ciencia ficción Moon, reinicide en el mismo género y revalida su talento con un filme que tiene la enorme virtud de aunar a partes iguales sofisticación e ingenuidad, clasicismo y tecnología. A pesar del high concept enunciado más arriba, Jones fundamenta la mecánica de Código Fuente en el puro suspense en su acepción más clásica (¿conseguirá el protagonista desactivar una bomba en un tren?), al tiempo que suma los esquizofrénicos juegos temporales y la paranoia antigubernamental de Philip K. Dick y el horror terrorista de la nueva era. Todo ello sin apabullar al espectador con coartadas científicas o excesos visuales: Código Fuente es un filme caracterizado por una aparente sencillez -que no simpleza- que no es habitual en un blockbuster hollywoodiense.

Jones demuestra seguridad tanto en el manejo de la acción como del suspense, y aporta a la película una inesperada vena romántica (el espectador siempre está interesado por cómo se desarrollará la relación entre Colter y Christina) perfectamente compatible con todos los enigmas que deja en el aire el guión de Ben Ripley. En la película, Alfred Hitchcock parece convivir en armonía con el Christopher Nolan de Origen, mientras la cinta nos conduce, con suavidad pero contundencia, a un desenlace que se suma a las fantasías de realidades y espacios virtuales de Matrix o Existenz.

Por todo ello, y por el tono inesperadamente esperanzador y optimista de sus últimos minutos, el resultado es un entretenimiento perfecto y sin altibajos. La enorme riqueza de referencias y su sobria personalidad la convierte, para quien esto escribe, una de las grandes sorpresas de lo que llevamos de año.

En Cultura

    0
    comentarios
    Acceda a los 4 comentarios guardados

    Servicios