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Juan Manuel González

'Scream 4': ¿grito o gemido?

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A mediados de los noventa, Scream revitalizó el género de terror con un thriller irónico que gracias a su energía y estilo metalingüístico, que mezclaba el slasher (género de cuchilladas) con el suspense y la comedia, se hizo con la complicidad del público juvenil y adulto. El éxito de la franquicia ayudó a levantar un imperio, el de los hermanos Weinstein, que a través de su sello de cine fantástico Dimension films ha venido elaborando títulos de terror desde entonces.

Once años después, sus principales responsables, el director Wes Craven (Pesadilla en Elm Street) y el guionista Kevin Williamson vuelven a intentarlo después de la que la moda de los remakes de títulos clásicos y el torture porn -subgénero caracterizado por su violencia extrema y representado por la saga Saw-, hayan predominado en el género. Scream 4 se aleja de todas ellas –y se burla abiertamente de ellas- al apostar por el humor y el suspense por encima del gore y las vísceras.

Tratar de adelantar algo sobre Scream 4 es una tarea inútil. Fiel al eterno cuestionamiento de los clichés del género que fue el motivo de ser de la saga, la película se autocritica y ensalza, se dice y se desdice a sí misma de forma continua ya desde su memorable inicio, quizá el mejor de toda la serie.

Craven incorpora las redes sociales y la tecnología de internet a la historia sin que esto suponga novedad real alguna. Aunque el nuevo asesino utiliza Facebook y Twitter para amenazar al personal –lo que da lugar a un par de ideas divertidísimas-, todos esos elementos multimediaticos ya estaban en la primera entrega, representados en la ambiciosa periodista que aquí vuelve a interpretar Courteney Cox. Scream 4 puede que no revigorice el género como antes, pero el juego del gato y el ratón y cine dentro del cine al que nos somete Craven, y su reflexión sobre tan minusvalorado género, sigue siendo igual de refrescante, conscientemente absurda y definitivamente divertida.

Aunque Scream 4 no socava la integridad de las secuelas previas, lo cierto es que tampoco las lleva a ese nuevo nivel que prometía. El guión de Kevin Williamson se limita a seguir las pautas creadas por el propio guionista, aunque vuelve a aportar diálogos frescos y personajes carismáticos. La habilidad de Craven para orquestar secuencias tensas y divertidas, como aquella que transcurre en dos casas a la vez, o el memorable prólogo, logran el resto sin dificultades. Scream 4 tiene un ritmo casi infernal y su concepción festiva de la violencia sigue siendo refrescante después de tantos años.

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