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Juan Manuel González

'Noche de Miedo'

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La original Noche de Miedo, que fue dirigida en 1985 por Tom Holland, es uno de los títulos de terror y fantasía adolescente más apreciados por los aficionados al cine de aquella época. La historia de un joven que descubre que su vecino es un peligroso vampiro que está diezmando la población de jovencitas de su barrio, y que no es creído por absolutamente nadie, sigue resultando una película de terror adolescente -con todo lo que eso significa-, a la vez repleta de sugerencias sexuales más o menos subterráneas, así como un sentido homenaje al cine de serie B visible en el personaje que encarnaba el fallecido Roddy McDowall, un actor famoso por ejercer de cazavampiros en un show televisivo que ayudaba al joven a acabar con la amenaza.

Con todo esta perorata quiero decir que la nueva Noche de Miedo, que se estrena esta semana en cines, es un filme que parte con notable desventaja. Se trata de un remake de un filme de terror, y ya saben lo que muchos opinan de los remakes, y peor aún, de los filmes de fantasía sin aparentes pretensiones. Y quizá por eso mismo sea doblemente satisfactorio su resultado final. Porque una vez que se apagan las luces del cine, casi todas las dudas desaparecen a los pocos minutos.

La película dirigida por Graig Gillespie (Lars y una chica de verdad) resulta ser un título de lo más divertido, y hasta ocasionalmente terrorífico, además de un ejemplo de cómo contando la misma historia, conservando los personajes y los principales acontecimientos, incluso un remake puede distanciarse del original gracias a un buen guión, unos actores convencidos y una buena dirección. O al menos, conseguir que importe poco su inicial falta de originalidad.

La nueva Noche de Miedo tiene así un tono más cruento, más sustos -quizá por aquello de mantener la atención de una audiencia más acostumbrada a los videojuegos que a una verdadera narración- y un mayor recuento de víctimas que el original, pero lejos de ser meras concesiones a la nueva audiencia, resultan ser nuevas y apropiadas piezas de una película que se reivindica a sí misma gracias a la labor de un reparto modélico y un sentido del humor efectivo que casi nunca es paródico.

Porque ocasionalmente, Noche de Miedo se pone suficientemente seria para llamar nuestra atención, y lo consigue. Ese engrasado equilibrio entre terror y comedia viene de las composiciones de un gran Colin Farrell, que consigue resultar verdaderamente amenazante y atractivo, y la labor cómica de algunos de los secundarios como un estupendo David Tennant, que aporta sentido del humor a una película que resulta sorprendentemente eficaz en sus vertiente de horror. Me refiero a momentos como los que envuelven la irrupción de Charley en la casa del vampiro Jerry, y el turbador descubrimiento que hace en su interior (en una de las mejores secuencias de la película), o incluso la persecución automovilística que da pie al último tramo del filme, donde Gillespie demuestra una voluntad de estilo que engrandece un filme aparentemente menor como Noche de Miedo.

Gillespie se sirve además de la labor de un equipo técnico que supera la corrección esperada con creces. En este sentido, destaca la extraordinaria fotografía de Javier Aguirresarobe, que consigue resultar turbadora, atractiva y extraordinariamente luminosa en las escenas nocturnas, incluso a pesar del uso del formato tridimensional, que casi siempre oscurece la proyección. El español consigue además algunos movimientos de cámara realmente elegantes y que aportan una tensión adicional al relato, como el que tiene lugar en el interior de un vehículo en marcha en la mencionada persecución, y que -por cierto- recuerda muchísimo al de ‘Hijos de los hombres’. Noche de Miedo, en 3D, es uno de los mejores remakes de terror estrenados en los últimos años.

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