Menú
Juan Manuel González

'No habrá paz para los malvados'

0

Enrique Urbizu, director de La caja 507 y Todo por la pasta, reincide en género negro con un thriller que se aúpa sin complicaciones como la mejor película española vista este año. Con un José Coronado componiendo un personaje que se puede elevar a la categoría de icono, No habrá paz para malvados es una oscura, difícil y enrevesada intriga narrada con frialdad y precisión por Urbizu, y una cinta que logra, sin quizá pretenderlo, dar la vuelta –o mejor dicho, dar nueva vida- a los motivos habituales del género gracias a su sinceridad y una doble cucharada de sordidez.

Coronado crea en ella uno de los grandes personajes del cine patrio. Su inspector Santos Trinidad es un hombre turbio, que mata a sangre fría cuando cree y que pimpla cubatas a pares, un madero decadente y desencantado que funciona dentro del relato en la mejor tradición del género de héroe vengador gracias a su individualismo, pero cuyas motivaciones son, atención a esto, más propias de un villano en toda regla. Urbizu se siente tan a gusto con las enormes ambivalencias morales de ese antihéroe –perfecto reflejo de lo que vendrá después- como a la hora de manejarse con las convenciones más clásicas del thriller, en las que el director hurga sin remordimiento al tiempo que visualiza una urbe de manera tenebrista y atmosférica.

Porque podría decirse, de hecho, que Madrid es el segundo personaje fundamental del relato. Urbizu ubica al espectador en los periféricos descampados y polígonos industriales de la capital, consiguiendo una atmósfera nocturna, real y palpable. El periplo de Santos Trinidad en No habrá paz para los malvados incluye tascas de índole variada, barrios populares, locales de alterne y comisarías vacías...el perfecto reflejo físico de un thriller cuya sequedad y desencanto recuerda al desaparecido Sidney Lumet y su Antes que el diablo sepa que has muerto.

El resultado es un filme que, al igual que su protagonista, resulta completamente ambivalente, tan a gusto con su naturaleza popular –y abiertamente comercial- como con las zonas en negro que pueblan su argumento, con un principio y un final abiertos que revelan un escaso interés en resultar complaciente. Al contrario, Urbizu es increíblemente directo a la hora de ir al meollo (su comienzo y el tiroteo que lo culmina es memorable), pero también muestra mano segura a la hora de manejar las ramificaciones más complejas de una trama criminal que deriva lenta pero segura hacia otra de terrorismo, si cabe más oscura y perturbadora por escalofriantemente familiar.

Pero No habrá paz para los malvados no cae en la tentación de penetrar en las derivaciones políticas del asunto, está simplemente por encima de ello: es puro cine, simple narración y limpio nihilismo en vena. Pese a que tanta aridez resienta algo nuestro interés en el tramo central, el vigor y la firmeza con la que Urbizu resuelve la papeleta superan cualquier escollo. No habrá paz para los malvados en un thriller revigorizante, atmosférico y seductor.

En Cultura

    0
    comentarios
    Acceda a los 6 comentarios guardados

    Servicios