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Juan Manuel González

'La Cosa (The Thing)'

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La cosa (The Thing) es una de esas películas que nacen sentenciadas a muerte. Dirigida por el debutante Matthijs van Heijningen, hasta ahora firmante de anuncios publicitarios, la cinta es una precuela del célebre filme de terror dirigido por John Carpenter, del que intenta redimir de su inmerecido fracaso comercial allá por el lejano 1982. La nueva versión está centrada, por eso mismo, en los avatares de la expedición noruega que liberó al ser en primera instancia, antes de la aparición del grupo que en la película de los ochenta lideró el entrañable Kurt Russell.

La Cosa (The Thing) sustituye a éste por una joven heroína, la solvente Mary Elizabeth Winstead, y transforma el monstruo en una criatura menos ladina y si cabe más agresiva. Una cinta que, en definitiva, se debate de forma un tanto frustrante entre el homenaje a su ilustre precedente, del cual nunca intenta –tampoco podría- distanciarse demasiado, y la necesidad de vender la misma historia a las nuevas audiencias. Es decir, una precuela/remake que funciona a modo de revisión nostálgica y plenamente inserta en la agotada moda del remake generada a raíz del éxito de recientes reimaginaciones de cintas de terror clásicas.

Pero lo cierto es que, si nos abstraemos de la cuestionable necesidad de su existencia, La Cosa (The Thing), versión 2011, es un filme de monstruos absolutamente disfrutable y probablemente uno de los mejores ejemplares de su clase en algún tiempo, junto a la reciente Noche de Miedo. El director holandés no pierde demasiado el tiempo en escenas explicativas y logra un filme muy compacto y eficaz. La nueva Cosa es más agresiva, explícita y brutal, pero Van Heijningen alterna el susto fácil con momentos puestos en escena con cierta exquisitez. Y consigue que tanto unos como otros le reporten a la película momentos de interés, por mucho que se pierda algo del tono sombrío de la cinta de Carpenter, de su estudio sobre el comportamiento humano, o al menos, éste se vea obligado a convivir con una cadencia visual más agresiva.

En añadidura, La Cosa (The Thing) sigue destacando por su disfrutable imaginería gore, aspecto en el que remite a la película de Carpenter mucho más que a la reciente moda del terror torture-porn de Saw y compañía. La memorable escena del tentáculo (en la que desaparecen de escena varios personajes de golpe, y de qué manera), hará salivar a los fanáticos del género por una saludable repugnancia que tampoco cae en sadismos excesivos. Los nuevos efectos visuales digitales remozan la espléndida artesanía de Rob Bottin para la película de 1982 con bastante fortuna y ayudan a La Cosa (The Thing) a convertirse en un thriller de ciencia ficción poco original, pero directo y enérgico.

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