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Lo mejor y lo peor del cine de 2011

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Un poco tarde, pero aquí les traigo mis preferencias del año que acabó. No figuran algunos de los títulos fuertes de esta temporada de premios, por la simple razón de que Millenium, por ejemplo, se ha estrenado en enero de este año que comienza. Otros anteriores, como la Melancolía del danés Von Trier, no los he visto.

En el apartado de 'Lo mejor' no he intentado enumerar las mejores películas, las más redondas, sino simplemente las que finalmente han quedado en mi recuerdo como las mejores y más agradables experiencias, de una manera totalmente subjetiva. En el apartado de ‘lo peor’ las candidatas eran muchas más de las que figuran, pero un servidor tiene la costumbre de olvidar las cosas que no le gustan, o que simplemente le resultan mediocres.

Les insto, hoy más que nunca, a que me aporten, recuerden o me reprendan, siempre con el mismo tono que hemos logrado aquí, porque ya saben que valoro tremendamente las aportaciones de ustedes... Ahí vamos.

Lo mejor:

El árbol de la vida es un viaje sensorial, no sólo narrativo, que me conmueve y emociona, aunque también me confunde, y en alguna ocasión, me enerva. Pero al final, me causa una profunda admiración. Terrence Malick se mueve entre el new age barato de un disco de Enya, y el puro poema visual. Ahí reside su grandeza, en moverse siempre en los márgenes del ridículo. Malick sigue siendo Malick, y el conjunto de imágenes que nos deja acompañarán a quien escribe durante mucho tiempo.

Super 8: El homenaje de J.J. Abrams al cine Amblin de los ochenta no se limita a explotar la nostalgia por aquellos títulos, sino que aporta una sensible reflexión sobre la naturaleza del propio recuerdo y, mediante una brillante asociación, el cine. Además, que un espectáculo de cine veraniego apueste simplemente por la emoción es ya una buena noticia de por sí.

Drive. Otro filme que fascina o repugna, según se mire. Una reinterpretación postmoderna de los postulados del género y un repaso al legado de un innumerable grupo de autores. Sin que tengan mucho que ver, a un servidor le viene a la cabeza Punto límite: cero, aquella película escrita por Cabrera Infante que Tarantino quiso homenajear a su manera en Death Proof. Todas ellas son películas con coches, pero con un ambiente seductor, triste y misterioso.

Begginers. Estrenada este verano, la película de Mike Mills apenas logró interesar a la taquilla. Protagonizada por Ewan McGregor y un excelente Christopher Plummer (que debería ganar el Óscar), el filme abordaba la muerte de un ser querido desde una perspectiva emocionante, sentida, llena de ilusión y humor, y también plasmada con gran energía visual.

Insidious. Una de las más gozosas experiencias en terror de este año, de la manita de la caústica y gamberra Piraña 3D y la reivindicable El último exorcismo. Lejos de mimetizar sus modelos -en este caso con Poltergeist por bandera- todas ellas proponen una interesante variación de los mismos. A Insidious, pese a que no le encajan todas sus piezas, sí nos ofrece un genuino y puro filme de terror que nos abre las puertas de lo desconocido, y que no es perfecto ni lo necesita.

Código fuente. La segunda película de Duncan Jones (Moon) tenía un final bastante discutible, pero su historia, digna de un capítulo de The Twilight Zone, su concisión narrativa, y el buen pulso del conjunto la convierten en una estupendísima experiencia de género que no me podía resistir a incluir, quizá un tanto a contracorriente.

X-Men. Primera Generación. La mejor película de superhéroes del año se debe al británico Matthew Vaughn, que triunfa al explicar los orígenes de casi una decena de personajes, a definir de forma excelente a al menos un par de ellos, y además a proporcionar un estupendo espectáculo de aires muy sixties.

Valor de ley. Un tanto lejos queda la película de los Coen, que no obstante entra dentro del calendario de 2011 (al igual que la no menos estimulante Cisne Negro). Los Coen entregaron un western tan épico como desmitificador, que respeta los parámetros del género al cien por cien, pero a la vez lo adultera de forma tremendamente inteligente con la fatalista e irónica mirada de los hermanos.

La boda de mi mejor amiga. Debí de ser el único al que divirtió enormemente la nueva comedia producida por Judd Apatow, esta vez enteramente protagonizada por mujeres treintañeras en lugar de hombres inmaduros. Lejos de ser un manifiesto feminista, la vuelta de tuerca le ha sentado fenomenal a la comedia gamberra: la película destaca por su humor cafre y una magistral y sutil interpretación de Kristen Wiig, un pedazo de actriz cómica capaz de expresarlo todo con una sola mirada.

No habrá paz para los malvados. La mejor película española del año, indiscutiblemente. Mención especial en este apartado para el filme de ciencia ficción Eva, de Kike Maíllo, justamente recordada en los Goya. Y poco más a este respecto, la verdad.

Arthur Christmas. Junto a Las aventuras de Tintín y Rango, el mejor filme de animación del año. La factoría Aardman entrega una fábula navideña totalmente fresca, dinámica y divertida para todo tipo de públicos. Una agradabilísima sorpresa.

Menciones especiales para 13 asesinos, Contagio, Cisne Negro, el documental Senna, El Origen del Planeta de los Simios y El Topo. Todas ellas podrían estar perfectamente en la lista de arriba.

LO PEOR

The Green Hornet, La Posesión de Emma Evans, Sucker Punch, La Saga Crepúsculo. Amanecer: Parte 1, Piratas del Caribe: En mareas misteriosas, Noche de Fin de Año, Águila Roja y Caperucita Roja...

Las críticas a todas ellas pudieron leerlas en su momento, y la verdad es que son básicamente la misma: todas ellas son horribles.

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