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'Bajo amenaza'

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Si Bajo amenaza se hubiera estrenado en los noventa probablemente hubiera sido una apuesta más o menos relevante de un gran estudio y, quien sabe, tal vez hasta un razonable éxito de taquilla. Pero la cinta dirigida por Joel Schumacher (Un día de furia, El cliente, Asesinato en 8 mm) y protagonizada por Nicolas Cage y Nicole Kidman no pertenece a esa década, sino que se estrena ahora. Bajo amenaza, después de los soberbios resultados de Funny Games e incluso la española Secuestrados (un filme absolutamente salvaje y a reivindicar desde ya) resulta tan sumamente irrelevante e innecesaria que apenas capta nuestro interés.

Es la prueba de la nefasta salud de las carreras de sus tres caras principales. Schumacher aparece sumido en un mar de confusión desde sus dos entregas de Batman, pese (o quizás por) la variedad de géneros que ha afrontado en los últimos diez años. Y no me hagan hablar de Nicolas Cage y Nicole Kidman, por mucho que un servidor no le acabe de desagradar la deriva chusca y desprejuiciada del que fue intérprete de Leaving las Vegas...

Lo cierto es que Schumacher siempre ha estado en el punto de mira de la crítica, ya sea por el sensacionalismo de algunos de sus filmes, como la estupenda Un día de furia o la más o menos correcta Asesinato en 8mm; la intrascendencia de Última llamada o Jóvenes ocultos (aunque, que quieren que les diga, ambas me siguen resultando simpáticas) y en efecto, manchas enormes como El número 23, Batman Forever y Batman y Robin. Pero Schumacher responde, como siempre ha hecho, a la definición de un artesano que pone su oficio al servicio del filme en el que está implicado, con películas mejores y películas peores, ya sea una cinta indie de las que ahora (también) ocupan su tiempo, o una de género y más o menos insalvable como el que nos ocupa.

Pero a pesar de que Schumacher nunca me ha parecido un realizador horrendo, no confundan esto con un alegato a favor de Bajo amenaza, un producto de relleno, a remolque de otras películas mejores, meramente alimenticio y al servicio de dos estrellas con el rostro paralizado por el bótox. El realizador maneja el ritmo, ubica bien a los personajes en el plano y trata de aportar agilidad a la acción y el suspense en todo momento, aunque sin pasión. Pero le ha tocado lidiar con un guión convencional y sin sorpresas que, para colmo, trata de sostener nuestro interés mediante torpes e innecesarios flashbacks que no hacen más que rebajar aún más la tensión. Con estos mimbres, los que están bajo amenaza parece que son los espectadores...

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