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La comedia escolar trata de renovarse con Project X, un ambicioso proyecto de Todd Phillips, ahora mismo acomodado en el olimpo de los realizadores más taquilleros de Hollywood gracias a su dupla de Resacón en Las Vegas, y el megaproductor Joel Silver, uno de los artífices de las sagas de acción Arma Letal, Jungla de Cristal o Matrix. La cinta presenta como principal novedad el haber sido rodada mediante el novedoso recurso (aunque cada vez menos) denominado como "material encontrado". Los aficionados al cine de terror que disfrutaron, o se marearon, con El proyecto de la Bruja de Blair, así como las superiores Monstruoso y Chronicle, probablemente ya saben lo que esto significa: un punto de vista generalmente subjetivo, semi documental y cámara digital en mano, para situar al espectador en primera línea de la acción, haciéndole vivir en primera persona un relato atado a las convenciones de los géneros tradicionales.

Y eso me lleva a lo siguiente, y es que en realidad, el argumento de Project X tampoco es precisamente novedoso. La película se inicia con los cuatro jóvenes en último curso del instituto, Thomas, Costa, JB y Dax (este último se ocupará de portar la cámara), que para darse a conocer entre sus compañeros organizan una fiesta en casa de los padres del primero, ausentes debido a su aniversario de bodas. Tal y como "advierten" las autoridades de Pasadena al comienzo de la película, lo que parecía una mera excusa para emborracharse y ligarse a unas chavalas acaba derivando en una épica rave al aire libre, un monumento a la incorrección y el carpe diem juvenil que acaba arrasando el pacífico barrio de los protagonistas, marcando un hito en la historia de los disturbios sociales de EEUU...

Como habrán deducido de la sinopsis, la cinta de Nima Nourizadeh mezcla el punto de partida de Risky Business, la película que lanzó la carrera de Tom Cruise, con algunos de los recursos de la no menos exitosa Supersalidos. No obstante y a diferencia de esta última, a la película auspiciada por los poderosos Phillips y Silver le faltan los cafres y absurdos diálogos recitados por cómicos con personalidad (insoportable, pero personalidad al fin y al cabo) como Jonah Hill o Michael Cera. En lugar de personajes, diálogos y situaciones, Project X opta por elevar el tono (que acaba siendo épico) y apoyarse en recursos visuales para aportar algo de renovada energía al género. Por eso mismo, la emoción surge esta vez no de los recursos de una buena comedia absurda, sino de la puesta en escena de Nourizadeh, de la hábil utilización del artificio visual subjetivo, un recurso capaz de aportar renovado nervio a la narración –o para seguirle el juego, diremos "crónica"...- y extirpar parte de los sentimentalismos y convencionalismos del guión.

Una lástima que, como digo, tanto el libreto como los personajes carezcan del interés del corpus del casi siempre infravalorado John Hughes, artífice de títulos tan intrascendentes y emotivos como El club de los cinco, Todo en un día o La mujer explosiva, o simplemente de los recursos de una buena comedia. El guión no es rico en escollos para los cuatro chicos protagonistas, y la peripecia –es decir, la fiesta de marras- comienza demasiado rápido, dejando en la cuneta los diálogos y la definición del perfil de los protagonistas.

Pero quizá Hughes no sea la referencia inmediata de Phillips y Silver. Sin unos ricos diálogos a los que echar mano, Nourizadeh se centra, en su lugar, en la escalada de barbaridades que suceden en la legendaria juerga, que progresa adecuadamente y ofrece momentos de notable exhuberancia visual. En este sentido, Project X se revela como una experiencia emocionante. Los travellings que siguen a Thomas para atender las llamadas de sus padres, los abundantes desnudos gratuitos (pero no sexo, que al fin y al cabo estamos en una comedia adolescente: ese momento en la piscina...) y secuencias como aquella en la que el cuarteto protagonista mira los resultados de su fiesta en el tejado de la casa, bajo los focos policiales.... ilustra el tono de la cinta de Nourizadeh, que vienen casi siempre de la puesta en escena y no de sus pobres gags y situaciones. Ese trascendental instante en el tejado, en el que se respira la emoción, la ilusión de los momentos previos al salto a la vida adulta del preadolescente, da la medida de los logros de la nerviosa Project X, una curiosa mezcla de la épica masculina de los policiacos de Silver llevada el terreno de la comedia incorrecta de John Landis.

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