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Juan Manuel González

Crítica: 'Runner Runner', con Ben Affleck

Justin Timberlake y Ben Affleck protagonizan un thriller desganado que desaprovecha todas sus posibilidades.

Juan Manuel González
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Creo que no es la primera vez que comienzo así un artículo, pero allá voy: ojalá estuviera vivo Tony Scott. Evidentemente, por razones humanitarias antes que las profesionales. Pero es que el realizador británico, que se suicidó hace poco más de un año tras haber dirigido cintas como Amor a quemarropa, Venganza, Man on Fire o Top Gun, hubiera sido el director perfecto para sacar adelante una película como esta Runner Runner, un formulario thriller criminal que, sobre el papel, tiene todo lo que caracterizaba las obras de ese director: un sensual enclave exótico (en este caso Costa Rica, aunque fue rodada en Puerto Rico), una excusa candente (el juego por internet) y unos protagonistas atractivos envueltos en una historia criminal de engaño y violencia.

En Runner Runner el estudiante interpretado por Justin Timberlake se introduce en el negocio de las apuestas ilegales por internet junto a un peligroso jefe, interpretado por Ben Affleck. A partir de ahí, mujeres, lujo, dinero... y peligro. Pero he aquí que Runner Runner no está dirigida por Scott, sino por Brad Furman, responsable de la exitosa El inocente, un thriller judicial con Matthew McConaughey que, por cierto, era muy superior a la aventura que nos ocupa.

Porque lo que hace Furman aquí es firmar un trabajo insultantemente desganado. A pesar de lo saturado de su fotografía y lo prometedor de su reparto (Ben Affleck nunca fue ni será buen actor, pero su conversión en villano no dejaba de resultar un buen gancho), Runner Runner parece el bosquejo de un verdadero filme, la versión preliminar de un libreto puesto en escena sin haber sido sometido a las revisiones habituales. La cinta avanza con buena cadencia, pero sobre todo gracias a la brevedad del montaje final, con un director que no parece interesado en ahondar en los personajes, su contexto o incluso la pura acción. Runner Runner desperdicia, al fin y al cabo, la oportunidad de mitificar el personaje de Affleck, una suerte de Dot Com musculado cuyos modos y maneras delatan que los nuevos mafiosos no vienen de Cuba, sino que salen de las universidades, llevan americanas y hablan cháchara digital, ni tan siquiera reflejar las nuevas formas de criminalidad tras el hundimiento económico, todavía amparadas en un estimilante (narrativamente) vacío legal.

Nada le viene o va a una película perezosa que se parapeta en las tribulaciones padre-hijo para así poder obviar las posibilidades (románticas, peligrosas) de la historia. Si todo ello estuviera encuadrado como excusa para un formidable filme de acción, como lo hubiera sido con Scott, tanto hubiera dado. Pero esto es lo de siempre, aunque sin el extra.

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