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Crítica: 'Cut Bank', con Liam Hemsworth y John Malkovich

Bienvenidos a Cut Bank, el lugar más frío de EEUU. Un pueblecito donde nunca pasa nada y todo el mundo te saluda...

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Bienvenidos a Cut Bank, otro de esos pueblecitos en los que todo el mundo se conoce. El lugar más frío de todo EEUU, tal y como reza el cartel de entrada, y también uno en el que nunca ha pasado nada. Ni un solo atraco, ni una sola conspiración, ni un solo muerto (por asesinato, se entiende). Aquí el sheriff Vogel (John Malkovich) vomita cuando ve por televisión lo que parece un cadáver, simplemente porque nunca se ha visto en semejante trance. Ni que decir tiene que va a hacerlo un par de veces o más. Como en Twin Peaks, aquí el mal más puro puede anidar tras la siguiente esquina, una vez se descorre la cortina de lo apacible.

A rebufo del thriller rural visto en Fargo y su prima cercana Un plan sencillo, la película de Matt Shakman nos propone una nueva variación "noir" de crimen, muerte y horror en la que la grabación de un homicidio pronto conduce a un enigma mayor, uno que despierta los instintos psicopátas de media decena de personajes que nunca han conocido el sueño americano.

El problema aquí es que la puesta en escena de Shakman, firmante de una gran cantidad de capítulos de series televisivas (incluida, de manera nada casual, la excelente Fargo), parece igual de invernal que el mismísimo Canadá, conformándose demasiado pronto y confundiendo la creación de atmósfera con cierta sosez y trivialidad estética, más típica de la pequeña pantalla que de la grande. Esto es, naturalmente, un tópico, pero lo cierto es que Cut Bank no explota bastante lo extraño, como tampoco la ironía del guión que se desprende del guión de Roberto Patino. Esa distancia y monotonía "indie" no es necesariamente el tono cortante y económico, de novela negra cruel y satírica, que parece recorrer la espina dorsal del filme.

Aquí entran a remediarlo el correcto guión, convencional pero surtido de giros, siempre consciente de sus posibilidades. Y sobre todo un repartazo (Hemsworth, Palmer, y sobre todo Dern, Thornton y Stuhlbarg, estos dos últimos ligados a los Coen en cintas sobradamente conocidas) que cumple con creces la papeleta. Es en particular Michael Stuhlbarg quien se adueña de la función, con un sujeto oscuro y venido directamente del averno que recuerda en ciertos pasajes a Anton Chigurh, aquel implacable asesino encarnado por Javier Bardem en No es país para viejos (otra de los Coen, ya ven). Un Terminator rural alimentado por un trauma que parece nacer del contraste, de una mutación de las imágenes de los felices 50 con los horrores de La matanza de Texas. Solo que esta vez bastante más cerca de la frontera de Canadá.

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