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Jacques Tati, siempre de fiesta y vacaciones

La realización de Playtime, de Tati, fue tan difícil como injusto su fracaso económico.

Rosa Belmonte
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Una imagen de Playtime | Archivo

Playtime (1967) cuenta las 24 horas en París de unas americanas en un viaje organizado a bordo de un avión de Economic Airlines. Tienen programada una capital por día. Cuando llegan a París se dan cuenta de que todo es igual. El aeropuerto como el de Roma, las carreteras como las de Hamburgo, las farolas como las de Nueva York. Un París a la americana. Uniforme. Arquitectura rectilínea, hormigón, "mobiliario para vivir en posición de firmes", edificios colmenas… Las americanas se encuentran ahí con Monsieur Hulot y otros que no se adaptan a esa organización. A Hulot lo interpreta Jacques Tati, que también hace cuatro papeles pequeños (por ejemplo, el policía que dirige el tráfico). Playtime es una obra maestra. Claude Lanzmann asistió al final del montaje para escribir un artículo en Elle, cuando trabajaban contra el reloj para poder estrenar la película. En Francia se estrenó el 16 de diciembre. Se van a cumplir 50 años. A España llegó un año después (el 23 de diciembre de 1968).

Para ese París gélido, Jacques Tati (1907-1982) construyó en Joinville un decorado que costó 400 millones de francos y que lo arruinó. Se justificaba pensando que no era más caro que contratar a Elizabeth Taylor o Sophia Loren para el papel principal. Consideraba que la estrella de la película era el decorado (se le llamaba Tativille). Quiso donarlo al Institut des Hautes Études Cinematographiques. Pero fue demolido. Decía Jacques Tati que la gente se aburría porque utilizaba un montón de cosas que no sabía cómo funcionaban. Era a propósito de esta monumental y magistral película, donde entre tanta modernidad (de la que se mofaba, como en Mi tío, pero a lo grande) al final tenía que venir un fontanero con gorra para reparar las tuberías. Y donde un obrero perturbaba el tinglado moderno cuando silbaba por la mañana al ir a trabajar contestando a los transistores que emitían en braille el éxito de la semana. El director, contaba Lanzmann, trabajaba día y noche para que Playtime ("título absolutamente necesario para estigmatizar los cigarrillos Flash de la Tabacalera francesa, el parking y el snack", según Tati) pudiera por fin estrenarse esa semana que fue a ver el final del montaje. Sólo en la edición se emplearon nueve meses. Eso después de "cuatro años de dramática gestación". La escena del restaurante tardó en rodarse siete semanas. En un rodaje que se había interrumpido tres veces por falta de dinero (a Lanzmann, que publicaría el artículo dos días antes del estreno, también le pasaría lo mismo con ‘Shoah’; tardó doce años en completar las nueve horas de metraje).

La producción de Playtime había empezado en octubre de 1964 y la película fue un desastre económico, así que Tati arrastró deudas durante años. Una de las razones del fracaso en taquilla fue que Tati se empeñó en rodarla en 70 mm. No en el formato estándar de 35 mm. Y, desde luego, se empeñó en proyectarla en salas equipadas con proyectores para 70 mm. Eran pocas. Pero todo esto son pequeñeces. Playtime es una precisa maquinaria construida por Tati. El guión es tan puntilloso en la secuenciación y el minutaje que durante el rodaje pudo ocuparse sólo de los actores. La sucesión de gags está minuciosamente preparada ("¡Como si lo cómico no fuera también una cuestión de ritmo y de tiempo!"). Habría que ir plano a plano para destacar toda la película. Admirando esos monumentos de París reflejados en las puertas de cristal. O escuchando esa banda sonora de zumbidos, crujidos de sillones, sonidos de zapatos, lío de tráfico, televisiones…

Claude Lanzmann habló con Madame Tati, que le parecía una mujer fascinante. "Hay motivos para arriesgar. No me asusto, ya le digo, era lo mismo con Día de fiesta pero entonces no teníamos hijos, y además éramos más jóvenes, menos reflexivos. De todos modos, confío en Tati, incluso cuando pasamos por momentos no muy agradables. Prefiero esta vida a una vida apacible con un funcionario. Lo que es una pena es que él no pueda hacer una película tranquilamente Y además se deja la piel, se arruina la salud, todas las noches en vela. Me parece que los médicos le van a ordenar que pare. Dese cuenta, hace cuatro años que no se toma un día libre. Claro que yo tampoco. ¡Y siempre haciendo películas sobre días de fiesta y vacaciones!". Detrás de un gran hombre, etcétera.

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