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Juan Manuel González

Crítica: 'Tolkien', con Nicholas Hoult y Lily Collins

La película de la vida de Tolkien trata de hacer interesante la vida del autor de 'El Señor de los Anillos'.

Juan Manuel González
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Tolkien, biopic sobre la juventud del creador de la legendaria Tierra Media, tiene que resolver una papeleta más difícil de lo que parece. En tiempos de Wikipedia el filme del finlandés Dome Karukoski trata de aportar un plus de poesía y emoción a la pura información, al relato de la vida de un sujeto desubicado y sensible que, como Frodo, parece llevar el peso de una misión que le sobrepasa, que se debate entre el amor y sus propios e indescifrables deseos.

Relato prebélico en modo "flashback" al tiempo que representación de la reprimida realidad que dio lugar a la desbordante fantasía de Tolkien (y también a un par de Guerras Mundiales), el filme de Karukoski fracasa, sin embargo, en ese tránsito cuando toca sugerir algo más que lo evidente. Estamos, sin más, ante el típico biopic británico revestido de profesionalidad, buenas intenciones y sí, incluso talento, malgastado en gran parte por una mediocridad acoplada a esa misma corrección. Cuando su amada Edith conversa con Tolkien en un restaurante y éste le expresa su interés en la cadencia del lenguaje, ella le pide a cambio que el sonido represente una historia. La película, desgraciadamente, pasa por encima de estas abstracciones que Tolkien logró superar con el mecanicismo de un biopic perfectamente codificado.

Como un retal de recuerdos donde fantasía y realidad se funden, la película comienza con J.R.R. Tolkien atrapado en una trinchera de la batalla de Somme. Allí Tolkien perdió algo más que la inocencia, por mucho que las explosiones, el barro y la sangre supusiesen -al menos según el filme- uno de los últimos empujones necesarios para que el autor escribiese la primera frase de El Hobbit. Los recuerdos del protagonista, encarnado por un solvente Nicholas Hoult, nos conducen a su infancia, su amistad con (fundamentalmente) su buen amigo George Bache Smith y su relación con Edith Bratt (Lily Collins, cuyo agente debe ser el mismo de Keira Knightley). Son minutos de metraje razonablemente entretenidos y comprimidos, definitivamente bien interpretados, pero el romanticismo de Karukoski no impacta. Tiene que ser la música de Thomas Newman la que aporte ese plus de emoción que la película busca desesperadamente.

Tolkien se ve bien y de hecho mejora en su segunda mitad, una vez entra en escena (aunque fugazmente) el excelente Derek Jacobi. Pero el viaje a la fantasía que parece proponer se ve ahogado en los tópicos del biopic, que Karukoski va puntuando de uno en uno. Algunos apuntes son interesantes: cómo liberado de la mujer, Tolkien ve cómo se desata definitivamente su imaginación; o la confesión de su amigo George, evidentemente homosexual, a un despistado Tolkien. Son destellos en una película correcta que rinde pleitesía a su autor, quizá de una forma demasiado cómoda y desgastada.

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