En 2017 hubo una película sobre el acoso escolar que causó sensación en la taquilla, Wonder, que adaptaba una novela de Raquel Palacio. Julia Roberts y Owen Wilson daban vida a los padres de August, un niño con una enfermedad rara que le provocaba deformidades en la cara. El pequeño había sido educado en casa pero en 5º curso los padres deciden que ha llegado el momento de escolarizarlo.
August no fue bien recibido por todos, pero poco a poco se fue ganando el cariño y respeto de sus compañeros, menos de Julian, un abusón que terminó siendo expulsado del colegio. Este fin de semana llega a los cines de toda España Alas Blancas, la continuación de alguna forma de Wonder a través de la historia de Julian.
El joven está ahora en otro colegio y lucha por integrarse. Julian recibirá una visita que transformará su vida, la de su abuela (Helen Mirren) que le contará cómo ella también tuvo que enfrentarse a otros abusones en su niñez, éstos mucho más peligrosos y criminales, los nazis. Alas blancas nos hará viajar hasta la Francia ocupada por Hitler en la Segunda Guerra Mundial.
Esta abuela judía pretende insuflar la humanidad que le falta a la mirada de su nieto, que sepa empatizar con el prójimo. De esta forma, le contará cómo antes de la llegada de los nazis todos se reían de un joven al que le faltaba una pierna. Un joven, que cuando ella tuvo que huir, le protegió arriesgando su propia vida. Y mientras el horror se vivía en las calles, ellos crearon un mundo propio en el que surgió el primer amor.
Alas blancas es una historia bonita, bien interpretada y bien dirigida por Marc Forster, que lo mismo firma Guerra Mundial Z, una entrega de James Bond o El peor vecino del mundo con Tom Hanks. Y lo más importante, Foster ha sabido reducir la capa de cursilería o empalago que podría tener la novela para equilibrarla con el horror de la guerra y el miedo a ser descubiertos. Como dice el propio guion de Alas Blancas: "En tiempos oscuros, los pequeños detalles nos recuerdan nuestra humanidad".


