
Pocas películas con peor prensa y morro torcido verán este año como esta Hellboy: El Hombre retorcido, que no gustará a fans patentados de Guillermo del Toro ni a punkies de la violenta tercera entrega con David Harbour y que podría no seducir, con su aspecto y textura de insobornable serie B, tampoco al público mayoritario a la búsqueda de fenómenos de multiplex. Pero esta cuarta entrega del personaje de Mike Mignola es, 1) la más cercana a los cómics publicados por Dark Horse, y 2) una perfectamente defendible película de terror con aroma a "caso de la semana" dirigida con bastante pulso por Brian Taylor (una de las mitades del dúo Neveldine/Taylor responsables de gamberradas como Crank, su secuela y la segunda parte de Motorista Fantasma).
Ambientada en 1959 y perfectamente desgajada del "world building" de cuento de hadas erigido por Guillermo del Toro en sus dos películas, en Hellboy: El Hombre Retorcido late el corazón de un producto de Charles Band. O, si quieren, la versión de Hellboy que John Carpenter hubiera ejecutado cuando producciones como la aquí presente todavía ocupaban un lugar en la agenda de un gran estudio en los 90. Porque en su economía de medios, el film manifiesta energía visual y narrativa, gracias a la ausencia de presentación (asumimos quién es Hellboy, investigador de lo paranormal, desde el primer minuto) y aroma a caso autocontenido y cerrado, ajeno a sagas pero rico en mitología sobrenatural.
El aprovechamiento de bosques búlgaros, donde en efecto sale barato rodar, es sobresaliente, y el film incluso se permite alguna set-piece recomendable como la que acontece dentro de la iglesia, donde Taylor matiza para bien el estilo "cámara cojonera" de sus películas previas. Evidentemente, los FX digitales no están a la altura de los precedentes, pero el film no necesita de elementos sofisticados mientras se sustenta del puro "folk horror" y lo desgaja de las altas pretensiones de productos "de etiqueta" de A24 o Neon. Para insobornables espectadores de serie B, ese cine que ya no interesa ver ni interpretar.
Licenciado en Historia del Arte y Comunicación Audiovisual en la UCM de Madrid. Colaborador en esRadio. Crítico de cine y series en Libertad Digital. Una de las voces del podcast Par-Impar.

