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'The Descent' en Par-Impar: claustrofobia, monstruos y el implacable retrato humano

El pódcast analiza la joya de terror de Neil Marshall, una angustiosa pesadilla subterránea que explora la quiebra psicológica de sus personajes.

El pódcast analiza la joya de terror de Neil Marshall, una angustiosa pesadilla subterránea que explora la quiebra psicológica de sus personajes.
The Descent | Archivo

Nuevo capítulo del podcast de cine de esRadio, Par-Impar, en el que Juanma González y Dani Palacios conversan sobre la película The Descent, una película de 2005 que promete enormes sensaciones al fan del terror… aún hoy, más de 20 años después de su estreno.

La historia de un grupo de amigas que queda encerradas en una cueva mientras practican espeleología, y todo lo que sucede después, sigue siendo uno de los ejercicios de tensión más brutales del cine de esa década.

Dani y Juanma subrayan que, más allá de la amenaza física de las extrañas criaturas ciegas que habitan en la oscuridad, el verdadero motor de la tensión dramática es el tenso triángulo amoroso latente entre la protagonista, Sarah, su amiga Juno y el difunto esposo de la primera. Este conflicto psicológico fractura la supuesta solidaridad femenina desde el primer minuto, ofreciendo un retrato humano implacable, pesimista y carente de heroísmos idealizados.

Desde el punto de vista formal, los presentadores elogian la influencia de maestros como John Carpenter en el manejo del espacio claustrofóbico y la tensión sostenida. Marshall utiliza de manera magistral el formato panorámico para capturar tanto la inmensidad de los paisajes exteriores al inicio de la cinta como la opresión de los pasadizos subterráneos. Aunque gran parte de la película se rodó en plató, la iluminación —que transita desde tonos fríos y blanquecinos al estilo de Janusz Kaminski en Minority Report hasta la oscuridad absoluta salpicada por el rojo de las bengalas— consigue sumergir al espectador en un entorno absolutamente verosímil y terrorífico.

Otro de los aciertos técnicos comentados es la banda sonora compuesta por David Julyan, la cual evoca de inmediato las melodías trágicas de Howard Shore en El Silencio de los Corderos. Asimismo, se analiza el uso de la obturación de la cámara en las secuencias de acción dentro de la cueva, un recurso visual similar al empleado por Danny Boyle en 28 Días Después. Al aumentar la velocidad del obturador en condiciones de extrema subexposición, Marshall logra definir los movimientos de las criaturas de manera nítida e inquietante sin perder la oscuridad natural del escenario, una decisión artística sumamente arriesgada pero ejecutada con un éxito rotundo.

El debate se intensifica al analizar los diferentes finales de la película según el mercado en el que se distribuyó. Mientras que el estreno en Estados Unidos ofreció una versión editada en la que la protagonista logra escapar, el corte original europeo mantiene un tono de absoluto pesimismo en el que la huida resulta ser una mera alucinación de Sarah, atrapada definitivamente en la fosa. Para Juanma y Dani, este último final es el único coherente con el descenso a la locura y la deshumanización que sufre el personaje, quien termina convertida en una criatura tan salvaje como los propios monstruos de la caverna para asegurar su supervivencia.

Licenciado en Historia del Arte y Comunicación Audiovisual en la UCM de Madrid. Colaborador en esRadio. Crítico de cine y series en Libertad Digital. Una de las voces del podcast Par-Impar.

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