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Pinchadas en un palo

Como en tantas series o películas de ahora la mujer tiene mucho protagonismo. Aunque sea mostrando la mierda pinchada en un palo que era en la época que se esté retratando.

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Patricia López en La Peste | Archivo

A algún actor no se le entiende. No porque tenga acento andaluz, sino porque no vocaliza. En una serie de ahora y con gente joven no podemos pretender que los actores sean José Bódalo, Agustín González, Berta Riaza, Fernán Gómez, Mari Carrillo, José María Rodero o María Jesús Valdés. Hay lo que hay. Y tanto Paco León como Pablo Molinero, los principales protagonistas, están estupendos. También Manolo Soto. La peste (Movistar +) es una producción excepcional. Oscura, sí, pero la fotografía de Pau Esteve llama la atención. Alberto Rodríguez y Rafael Cobos, los creadores, han conseguido una ficción que deja con ganas de más después de los seis capítulos. Más allá de la peste que haya en esa Sevilla del siglo XVI, la trama se centra en un relato criminal. En una especie de detective con su listísimo aprendiz que investiga unos bonitos empalamientos. Sin olvidar el fondo histórico, político y económico.

Como en tantas series o películas de ahora la mujer tiene mucho protagonismo. Aunque sea mostrando la mierda pinchada en un palo que era en la época que se esté retratando. Ya pasaba con Juana Inés, la serie mexicana producida y dirigida por Patricia Arriaga y que aquí se pudo ver en Netflix. Claro que Sor Juana Inés de la Cruz luchó en un mundo de hombres y claro que su más famoso poema (‘Redondillas’) empieza con un "Hombres necios que acusáis a la mujer sin razón, sin ver que sois la ocasión de lo mismo que culpáis..", pero ver con ojos actuales cómo se trataba a las mujeres entonces no se si lleva a la indignación o a conformarse con la situación actual, por muy oprimidas, controladas, menospreciadas o marginadas que estén algunas en muchos países.

En La peste, es Teresa de Pinelo la que lleva a que nos indignemos con la mirada de 2018. Patricia López interpreta a una pintora viuda que firma con el nombre de su padre para poder vender. Una mujer acomodada que al estar sola se encuentra desamparada. Eso sí, poco desamparada se le nota cuando va a buscar a una puta para pintarla. Además, administra una fábrica de seda heredada del marido. Aunque pretende tener mano de hierro, la sociedad masculina la anula. La sociedad masculina también la desnuda (¿pero cómo van a tener ella y la prostituta el vello púbico tan recortado en la Sevilla del siglo XVI?).

En Los papeles del Pentágono, el título español para The Post, la última película de Spielberg, Katherine Graham adquiere bastante protagonismo. Para eso es Meryl Streep. Cuando hicieron Todos los hombres del Presidente, Alan J. Pakula prescindió del personaje. Fue Robert Redford el que comunicó a Katherine Graham que no salía en la película. Ella se sintió un poco dolida, como cuenta en sus memorias, pero en esas mismas memorias (‘Una historia personal: Mujer, Periodista, Empresaria, Editora de The Washington Post’, Alianza) tampoco manifiesta una súper conciencia feminista. Una vez que se vio con el periódico encima (había sido de su padre y luego lo llevó su marido) dejó hacer a Ben Bradlee y a los reporteros. Igual que hacía la señora Pynchon de Lou Grant, aunque al ficticio Los Angeles Tribune no le cayera del cielo y de las gargantas profundas un Watergate. También es cierto que para crear el personaje interpretado por Nancy Marchand no se tiró sólo de Graham sino también de Dolly Schiff, del New York Post, una mujer mucho más interesante dentro de la historia del periodismo. Pero a Spielberg le gusta más el carril de lo trillado (y, otra vez tengo que decir que a Schiff tampoco le cayó un Watergate).

Claro que una quiere ver películas o series protagonizadas por mujeres. Y conocer a esas negras de Figuras ocultas que ayudaron en la carrera espacial. Pero a veces todo parece muy artificial. Una especie de cuota. ¿Cómo no vamos a sacar mujeres haciendo cosas interesantísimas si las mujeres son interesantísimas?

Sólo faltaba esa Carmen del Mayo Musical Florentino matando a Don José para denunciar los feminicidios. Anda, Muscato, vete para la casa, que ya tenemos bastante.

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