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'The Office' o la mala leche de Ricky Gervais

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Les aseguro que afrontar el (re)visionado de The Office en el período de vacaciones de fin de año no parece el modo más ejemplar de cultivar el espíritu navideño. La serie creada por Ricky Gervais y Stephen Merchant, y protagonizada por el primero, es uno de los puñetazos al estómago más demoledores que una serie de humor adulto puede provocar.

A lo largo de dos temporadas de apenas un puñado de capítulos -14 en total-, emitidos entre 2001 y 2002 en la BBC británica, la serie desgrana la vida en la oficina de una compañía papelera,  en la que sus empleados se relacionan, detestan y establecen lazos entre sí. La panorámica humana que realiza la pareja británica es brutal a este respecto.

Adalides del humor genuinamente incómodo, Merchant y Gervais centran sus miras en David Brent, el líder de la oficina de Slough, situada en un aburrido y gris suburbio del sur de Inglaterra. Brent desea ante todo ser humorista, ganarse a sus congéneres a través de un humor que se pretende provocador, pero que se queda en ofensivo.  Alrededor suyo, su representante de ventas, Tim (Martin Freeman, protagonista de El Hobbit), la recepcionista Dawn (Lucy Davis) o el belicoso Gareth (Mckenzie Crook), el chaquetero del primero. En el horizonte, la tensión sexual nunca resuelta entre Tim y Dawn, la debacle anunciada de la oficina debido a las nefastas dotes de mando de David, entre otros comentarios divertidamente dolorosos a costa de los roles sociales (sexuales, raciales, de clase) que se puedan presentar en el trabajo.

Todos esos conflictos, en manos de Merchant y Gervais, se resuelven con incómoda brillantez. La serie desgrana las mentiras entre todos ellos y, sobre todo, de cada uno a sí mismo valiéndose, de forma casi pionera, de la técnica del mockumentary, es decir, falso documental, en el que se presentan los hechos de la ficción como si éstos fueran verdaderos. A través de este cristal transparente, los personajes se dirigen a cámara para expresar su versión de los hechos, y actúan siempre con conocimiento de que existe un espectador observándolos. De este sistema, o de alguna de sus variantes, les hemos hablado ya en alguna que otra ocasión. Pero sin duda, en ninguna ha sido utilizada con tal fuerza como en la que nos ocupa. Gervais y Merchant utilizan este proceder para violar, literalmente, la frontalidad teatral de una sitcom al uso, para cargarse sus convenciones. Se trata del perfecto reflejo del vodevil cruel del que forman parte los personajes de The Office, y que es un reflejo vivo de una realidad que carece de happy end.

The Office nos da la satisfacción de ver al jefe haciendo el ridículo. Pero Gervais apunta mucho más alto. Piensen en el silencio que se sucede ante un chiste de mal gusto que no hace gracia.Con ansia suicida, toda la serie busca balancearse en los márgenes de ese momento y servirlo al espectador crudo y sin cocinar. Merchant y Gervais, uno alto y otro bajo, uno flaco y otro no, se complementan a la perfección tanto delante como detrás de las cámaras. Aquí vamos: The Office es en esa misma medida una obra perfecta del humor antipático, cruel, cumbre del mal rollo, cuyo vitriolo no hace sino lanzar dardos de amargura a la cara del personal. En The Office los conflictos no tienen por qué resolverse de forma positiva, de hecho no tienen por qué resolverse, porque es la vida no cabe en un armazón de tres actos.

Lejos de menospreciar los logros de su estupenda versión norteamericana, protagonizada hasta hace poco por un Steve Carell nacido para ese papel, The office versión EEUU carece de la grandeza –o mejor, de la tristeza- de la creación británica. Sin pertenecer en absoluto a la segunda división (al menos durante sus mejores temporadas, que fueron varias), la serie de la NBC norteamericana centra su humor en esa tierna extravagancia freak que desprendía Carell, así como en la tensión amorosa entre la recepcionista y el empleado, convertida en hilo recurrente para agitar el interés del espectador. Gervais, un francotirador inglés en tierras americanas (Increíble pero falso, ¡Me ha caído el muerto!, por no mencionar su labor en los Globos de Oro, que se repetirá este año) llegó a realizar un cameo en ella. ¿Cuál les recomendamos? Muy sencillo. Las dos. Pero la inglesa, que ha sido editada en DVD en España por Cameo, la primera.

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comentarios
1 Israel Nava, día

Gervais tiene otras joyas como "Extras" y la más reciente "Life´s too short" protagonizada por Warwick Davies. Incómodo y agrio como él solo.

2 Giovanny, día

Es curioso que justo en estos días estuve viendo esta serie. Es magnífica, los actores son tan buenos que pareciera que cuando la cámara deja de filmarlos tuvieran existencia real. Es un humor muy ácido, pero excelente. Hacía mucho tiempo que no reía tanto como cuando vi el cuarto capítulo de la primera temporada, una joya

3 z, día

Vaya, ya era hora de dejar de babear con la ficción americana y fijarse un poco en la británica, que lleva años y años ofreciendo productos a la altura (intelectual) de los americanos. Menos espectaculares porque no tienen esos presupuestos, pero igual de estimulantes. Pásense por The League of Gentlemen y descubrirán ustedes genialidad en estado puro. Si son fuertes de estómago, claro. Y lo de Sherlock es de otro planeta, directamente. El jueves estrenan la primera temporada en A3, pero véanla en versión original, por favor. Y acaban de editar en España House Of Cards, aunque sigue más barata en amazon.co.uk ... otra joya.

4 Mariedel, día

Te queria dar las gracias por la buena lectura que he tenido en tu pagina. Disfrute cada linea.

5 ibercajadirecto particulares, día

Mi ejecutivo me sugirio que me encantaria este sitio y tenia toda la razon. No suelo publicar en los sitios web pero me deleito el tema y lo quice hacer. Congratulaciones

6 Dulce, día

Es de las mejores series que haya visto, muy original y con un estilo de humor muy divertido, a mí S. Merchant siempre me ha parecido muy bueno, creo que en Hello Ladies ahora también se luce, igual personajes alocados y bizarros y situaciones incómodas, es una serie igual de buena, creo yo.

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