Morante vuelve a salir por la Puerta del Príncipe en la tarde del petardo de OneToro
El cigarrero corta tres orejas en la corrida del Corpus de Sevilla, que no se ha podido ver en directo por errores de OneToro.
Día grande en Sevilla por la fiesta del Corpus Christi, que ha vuelto a recuperar su tradicional corrida de toros impulsada por Morante de la Puebla. El cigarrero, recuperado tras la terrible cornada que sufrió en este mismo escenario hace poco más de un mes y que le perforó el recto, ha vuelto a hacer gala de su maestría y ha salido por tercera vez en su vida por la Puerta del Príncipe.
Una corrida de gran expectación que no se ha podido ver correctamente en OneToro. Las redes sociales de este canal de streaming desactivaron la posibilidad de que los usuarios pudieran responder ante la gran indignación de los espectadores que se han quedado con las ganas de ver uno de los festejos del año. El propio canal no ha dado explicaciones ni ha pedido perdón a los centenares de aficionados que no han podido ver a Morante volver a triunfar en Sevilla.
Morante de la Puebla, en su cuarto paseíllo esta temporada en la Real Maestranza de Caballería de Sevilla –aún le queda la última tarde de la Feria de San Miguel en septiembre–, sigue en estado de gracia. Tras el baile de corrales de la corrida de Matilla, que ha tenido en vilo a la afición, el primer toro de la divisa salmantina saltó al ruedo maestrante y tuvo que ser devuelto por falta de fuerzas. Saltó el primer sobrero de Garcigrande, al que el cigarrero cuajó a la verónica. Con la muleta realizó un trasteo magistral desde el inicio, obligándole a embestir antes de torearle al natural. Finalmente lo mató de una gran estocada.
Al cuarto de la tarde, Sosito, Morante lo toreó con la muleta tras una gran lidia de su cuadrilla, especialmente de Juan José Domínguez. A favor del toro, con muletazos cada vez mejores, el cigarrero puso en pie a la Maestranza toreando en una baldosa en una inverosímil faena que se sacó de la manga. Tras una gran estocada, en la que el toro tardó en caer, el público, desatado, le pidió las dos orejas.
Tanto Juan Ortega como Pablo Aguado han quedado desdibujados por la magistral actuación de Morante de la Puebla. Ambos han saludado una ovación en los primeros toros de su lote mientras que en los segundos, corridos después de las dos orejas de Morante al cuarto, han sido silenciados. Como dice Federico Jiménez Losantos deberían hacer una ley para que el cigarrero toree siempre en último lugar. Muchos toreros lo agradecerán.
La primavera morantista, coincidiendo con lo que se ha dado en llamar la morantemanía, ha inundado todos los resortes del planeta toro llevando a decenas de miles de personas a colmar las plazas de toros. Una vez más el cigarrero ha hecho de su maestría, su arte y su cercanía a los toros las bases de dos faenas que le han vuelto a lanzar al Guadalquivir por la puerta de los sueños de Sevilla. A hombros de una multitud que coreaba su nombre el torero de La Puebla del Río ha vuelto a cruzar ese umbral.
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