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Drones de combate para volar subordinados a cazas: la industria internacional de Defensa se vuelca en un nuevo segmento

Reducir riesgos para los pilotos, aumentar la masa de combate y abaratar costes impulsa una carrera tecnológica a ambos lados del Atlántico.

Reducir riesgos para los pilotos, aumentar la masa de combate y abaratar costes impulsa una carrera tecnológica a ambos lados del Atlántico.
La británica BAE Systems ha mostrado este diseño para sus prototipo de caza autónomo o dron de ataque subordinado. | BAE Systems

La aviación militar se encuentra a las puertas de una de sus mayores transformaciones en los últimos años. El nuevo salto tecnológico no es prescindir del piloto, sino en multiplicar sus capacidades mediante aeronaves no tripuladas capaces de volar subordinadas a una aeronave principal para darle información, ejecutar misiones específicas y asumir los riesgos más elevados de la misión.

Reciben distintos nombres según el país o el fabricante, pero el concepto es común. Son aeronaves autónomas o semiautónomas que operan bajo la supervisión de un avión tripulado, actuando como escoltas, sensores avanzados, plataformas de guerra electrónica o portadores de armamento. El piloto conserva el control de la misión, mientras los drones ejecutan tareas concretas con un elevado grado de autonomía.

Europa ha pisado el acelerador para no depender tecnológicamente de otros países. Airbus es una de las empresas que lidera buena parte de los trabajos. Tiene varios demostradores concebidos para integrarse con los futuros cazas de combate que estén en servicio en el continente. De hecho, Francia y Alemania han salvado esta parte del programa FCAS, que ha visto como el caza de sexta generación ha sido cancelado.

El objetivo es crear un ecosistema donde aeronaves tripuladas y no tripuladas operen como una única red de combate completamente conectada. En el salón aeronáutico de Farnborough (Reino Unido), la compañía ha presentado dos propuestas destinadas a cubrir diferentes perfiles de misión. Se trata de los sistemas remotamente tripulados Valkyrie y Ravenstorm.

La británica BAE Systems ha presentado el proyecto Brontanax como una de las piezas del futuro programa Storm Fighter, concebido para complementar los desarrollos británicos de nueva generación. Londres considera que estas aeronaves colaborativas permitirán incrementar notablemente la masa de combate disponible sin necesidad de aumentar el número de pilotos, uno de los recursos más escasos y costosos de formar.

Estados Unidos no está al margen y tiene algunos de los programas más avanzados del mundo. Está impulsando los denominados aviones de combate colaborativos, que acompañarán a los F-35 o los futuros cazas de sexta generación. El propósito consiste en desplegar varias aeronaves no tripuladas por cada avión pilotado, incrementando exponencialmente la capacidad de combate de cada formación aérea.

Entre los desarrollos más maduros figura el MQ-28 Ghost Bat de Boeing, diseñado originalmente en Australia y convertido en uno de los referentes internacionales de esta categoría. A él se suman los nuevos YFQ-42, desarrollado por General Atomics, y YFQ-44, de Anduril, seleccionados para avanzar dentro del programa estadounidense. Todos persiguen combinar autonomía, bajo coste y una integración plena.

El atractivo de estas plataformas no reside únicamente en la tecnología. Su coste debe ser muy inferior al de un caza moderno, lo que permitirá adquirir un mayor número de unidades y aceptar pérdidas que resultarían inasumibles con aeronaves tripuladas. Además, del potencial que ya se ha destacado y la posibilidad de portar misiles o ser señuelos frente a las defensas antiaéreas.

Pero lo cazas no van a ser las únicas aeronaves que van a funcionar con drones subordinados o colaborativos. Diversos fabricantes trabajan ya en variantes destinadas a operar junto a helicópteros de ataque, como el presentado por Anduril esta misma semana, proporcionando reconocimiento avanzado, designación de objetivos, vigilancia persistente e incluso capacidad ofensiva.

Las nuevas funciones para los sistemas no tripulados van incluso más allá. Boeing ha completado con éxito el segundo vuelo de su avión cisterna no tripulado MQ-25A Stingray. La aeronave lleva incorporado un sistema de cesta que permite abastecer en vuelo a los cazas F18 de la Marina estadounidense, aunque podría evolucionar para proporcionar combustible también a otros modelos de caza.

Todo apunta a que la próxima revolución del poder aéreo no dependerá exclusivamente de disponer del mejor caza, sino de construir equipos donde pilotos y sistemas autónomos actúen como una única fuerza coordinada. Europa y Estados Unidos compiten ya por liderar un mercado que moverá decenas de miles de millones de euros durante las próximas décadas y que redefinirá la forma de combatir en el aire.

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