L D (EFE)
La decisión de la directiva de cobrar la entrada hasta los abonados y establecer precios altos para su presentación provocó una imagen desalentadora en las gradas del estadio Teresa Rivero. A tan alto nivel llegó el pasotismo de los escasos aficionados que se dieron cita que no se pudo comprobar el cariño de bienvenida a Julen Lopetegui, nuevo técnico, y a Gregorio Manzano, gran amigo de Vallecas. Ni tan siquiera el estado de cabreo por la venta de su estrella, Michel, al Murcia.
El duelo que en principio mantenía el morbo del derbi madrileño, fue un partido típico de pretemporada. Con altibajos en el ritmo, intercambio en el dominio del juego y pruebas de los dos entrenadores en busca del mejor conjunto para el inicio liguero. Lopetegui, condicionado por las bajas en defensa, probó con los teóricos titulares. Manzano no. Dio descanso a sus grandes estrellas y de los habituales tan sólo Ortiz y Javi Moreno, en racha, saltaron al terreno de juego.
En la primera mitad el orden de los equipos se impuso a la imaginación. La lucha marcaba un partido tedioso que empezó a desequilibrarse a favor del Atlético por los fallos defensivos rayistas. Amaya regaló el primer tanto del partido. Corría el minuto 21 y un mal despeje del canterano puso en bandeja el tanto a Javi Moreno que fusiló a Segura, demostrando cada partido su mejoría desde la llegada al banquillo atlético de Manzano. Movilla controlaba el choque y Nano con Ortiz ponían la intención por las bandas sin éxito. El Rayo no reaccionó hasta la segunda mitad. El ímpetu del brasileño Iriney apoyado en el carácter de Peragón no era suficiente para inquietar a Sergio Sánchez.
Idiakez lo intentó a balón parado y nada más comenzar la segunda parte dejó muestras de su calidad con un disparo lejano pero ajustado al palo que significó el empate. El Rayo despertó ante un Atlético plagado de canteranos. La figura de Segura emergía en un mano a mano ante Nano y un disparo a bocajarro de Movilla, respondiendo a la confianza de Lopetegui. La entrada de Geni, el debut de Biagini y la velocidad de Crussat activaron el ataque rayista en el final de partido. Un riguroso penalti sobre Crussat lo transformaba Corino dando la vuelta al marcador y otorgando al Rayo el II Trofeo Teresa Rivero.
El duelo que en principio mantenía el morbo del derbi madrileño, fue un partido típico de pretemporada. Con altibajos en el ritmo, intercambio en el dominio del juego y pruebas de los dos entrenadores en busca del mejor conjunto para el inicio liguero. Lopetegui, condicionado por las bajas en defensa, probó con los teóricos titulares. Manzano no. Dio descanso a sus grandes estrellas y de los habituales tan sólo Ortiz y Javi Moreno, en racha, saltaron al terreno de juego.
En la primera mitad el orden de los equipos se impuso a la imaginación. La lucha marcaba un partido tedioso que empezó a desequilibrarse a favor del Atlético por los fallos defensivos rayistas. Amaya regaló el primer tanto del partido. Corría el minuto 21 y un mal despeje del canterano puso en bandeja el tanto a Javi Moreno que fusiló a Segura, demostrando cada partido su mejoría desde la llegada al banquillo atlético de Manzano. Movilla controlaba el choque y Nano con Ortiz ponían la intención por las bandas sin éxito. El Rayo no reaccionó hasta la segunda mitad. El ímpetu del brasileño Iriney apoyado en el carácter de Peragón no era suficiente para inquietar a Sergio Sánchez.
Idiakez lo intentó a balón parado y nada más comenzar la segunda parte dejó muestras de su calidad con un disparo lejano pero ajustado al palo que significó el empate. El Rayo despertó ante un Atlético plagado de canteranos. La figura de Segura emergía en un mano a mano ante Nano y un disparo a bocajarro de Movilla, respondiendo a la confianza de Lopetegui. La entrada de Geni, el debut de Biagini y la velocidad de Crussat activaron el ataque rayista en el final de partido. Un riguroso penalti sobre Crussat lo transformaba Corino dando la vuelta al marcador y otorgando al Rayo el II Trofeo Teresa Rivero.
