
El último comunicado del FC Barcelona no es solo un punto final administrativo a la Superliga. Es, sobre todo, una maniobra política de primer nivel. Un texto medido, con intención y con destinatarios claros, que sirve a Joan Laporta para cerrar una etapa incómoda —a pesar de lo bien que había comenzado esta historia de ¿amor?—, abrir oficialmente la precampaña electoral y marcar territorio en uno de los frentes más delicados de su mandato: el caso Negreira. Todo ello a la vez. Y nada es por casualidad.
El Barça anunció el pasado fin de semana su salida definitiva de la Superliga, un proyecto que ha acabado muriendo incluso antes de nacer. Hace ya casi cinco años, en abril de 2021, se anunció a bombo y platillo este proyecto que, como cabía esperar, encontró rápidamente el rechazo frontal por parte de la FIFA y la UEFA. Doce clubes (AC Milan, Arsenal, Atlético de Madrid, Chelsea, FC Barcelona, Inter de Milán, Juventus, Liverpool, Manchester City, Manchester United, Real Madrid y Tottenham Hotspur) lanzaron su órdago a la Champions, aunque el organismo rector del fútbol europeo reaccionó con diligencia y logró que los seis clubes ingleses, Atlético, Inter y Milan rápidamente se bajaran del carro.
Quedaban en su cruzada Juventus -que abandonó el proyecto en verano de 2023-, Barça y un Real Madrid que, a día de hoy, es el único club que defiende una competición que nunca llegó a existir más allá del papel. Florentino Pérez y Laporta compartían discurso público, pero no objetivos reales. Mientras el presidente blanco seguía utilizando la Superliga como bandera ideológica contra la UEFA, Laporta la mantenía como un comodín financiero y jurídico, más útil en los despachos que en la realidad deportiva.
En realidad, el máximo dirigente azulgrana ya había abierto la puerta a desmarcarse de la Superliga para evitar la exclusión de la Champions. Lo hizo en junio de 2023, apenas cuatro meses después de que saliera a la luz el caso Negreira. El Madrid ha ido in crescendo en su ofensiva contra los culés por estos pagos de 8,4 millones de euros al que fuera vicepresidente de los árbitros, José María Enríquez Negreira, hasta terminar declarando la guerra al gran rival deportivo en la última Asamblea General Ordinaria, en noviembre de 2025, escenificando la ruptura definitiva con la entidad azulgrana. No hay relaciones entre los dos gigantes del fútbol español, ni las va a haber… al menos a corto plazo.
Laporta se mueve: elecciones a la vista
El comunicado del Barça sobre la Superliga marca el inicio de la campaña electoral de Laporta ante los comicios del próximo 15 de marzo. El ya expresidente necesita reconstruir su imagen ante el socio, desgastada por las promesas incumplidas, la delicadísima situación económica y un clima de sospecha permanente alrededor del club. Romper definitivamente con la Superliga le permite presentarse como el dirigente que "escucha", que rectifica y que vuelve a alinear al Barça con el fútbol tradicional y con sus aficionados.
Es también una forma de marcar distancias con Florentino Pérez, un aliado incómodo cuya figura genera rechazo en amplios sectores del barcelonismo. Laporta entiende que ya no le conviene aparecer como el último escudero del presidente del Real Madrid en una cruzada personal contra la UEFA. La fraseología del comunicado es reveladora: se habla de "nuevos escenarios", de "defensa del modelo deportivo europeo" y de "priorizar la estabilidad institucional". Un lenguaje que busca reconciliar al club con el relato dominante y, de paso, colocar a Laporta en el centro de la escena como hombre de Estado blaugrana.
Negreira, el elefante en la habitación
Pero hay un tercer destinatario del comunicado, quizás el más importante: la opinión pública y los estamentos del fútbol en pleno caso Negreira. Laporta sabe que el Barça necesita aliados, comprensión y, sobre todo, no tener más frentes abiertos. Mantenerse en la Superliga era seguir cavando un hoyo del que resulta cada vez más difícil salir.
Salir ahora de este proyecto es también un gesto de distensión. Un mensaje implícito: el Barça quiere volver al redil, dejar de ser un actor disruptivo y rebajar tensiones institucionales en un momento en el que su credibilidad está bajo mínimos.
No es casualidad el timing, pues el comunicado llega cuando el caso Negreira sigue sin resolverse judicialmente y cuando el club necesita algo más que silencio administrativo para evitar un aislamiento peligroso.
Florentino se queda solo
La salida del Barça deja a Florentino Pérez en solitario al frente de un proyecto que fue concebido como una revolución y que ha terminado convertido en un símbolo de desconexión con el fútbol real. Sin ingleses, sin italianos y ahora sin el Barça, la Superliga queda reducida a un discurso jurídico y económico sin músculo deportivo ni respaldo social.
Con este movimiento, además, Laporta lanza un mensaje claro: el Barça mira hacia dentro, hacia sus elecciones, hacia su supervivencia institucional. La Superliga ha muerto. Pero su entierro no es inocente. Es un acto calculado, con intereses cruzados y con un claro vencedor para el barcelonismo. Ése no es otro que Joan Laporta, que ha dado la estocada final a Florentino como punto de partida para esta nueva batalla electoral.



