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Motivos hay

Ayer, justo antes del ocaso, alguien me preguntó por el domingo. Yo miré al cielo y contemplé una nube. La tarde era rojiza y amarilla.

Ayer, justo antes del ocaso, alguien me preguntó por el domingo. Yo miré al cielo y contemplé una nube. La tarde era rojiza y amarilla.
Europa Press

He visto cosas que vosotros no creeríais. He visto un vídeo de 7 minutos y 38 segundos en el que cuatro pelotitas de colores (blanco, rojo, azul marino y celeste) rebotaban incansablemente en un lavabo. Al final, la roja terminaba encajando en el desagüe más veces que ninguna. He visto a un gato escoger entre dos boles de pienso —uno con la bandera de Argentina, otro con la de España—, como un asno de Buridán profético. El gato no murió de inanición: decidió llenarme de esperanza. He visto en sueños al pulpo Paul resucitado metiéndose en una cajita rojigualda. Ayer, justo antes del ocaso, vislumbré una nube con forma de piel de toro que se estaba secando al sol, en un atardecer rojizo y amarillo.

He leído un tuit: "Mundial 2010: pinchazo en el debut; victoria holgada en la segunda jornada; 1-0 contra Portugal en octavos; sufrimiento inesperado en cuartos; baile contra el favorito en semis; final difícil contra un rival canchero. Mundial 2026: pinchazo en el debut; victoria holgada en la segunda jornada; 1-0 contra Portugal en octavos; sufrimiento inesperado en cuartos; baile contra el favorito en semis; final difícil contra…".

Y también otro: "Argentina ha llegado dos veces consecutivas a la final del Mundial en dos ocasiones distintas: 1986-1990 y 2022-2026. En 1986 ganó, en 1990 perdió. En 2022 ganó, en 2026…".

He visto a Rodri colonizar el centro del mundo, hacer girar la Tierra desde su eje, dominándolo a su antojo. He visto a Luis de la Fuente sentar a Pedri para poner a Fabián. Y a Fabián secando a Olise y Dembelé, que para secar a Mbappé ya teníamos a los cuatro psicópatas que cubren sus espaldas. He visto a esos cuatro psicópatas —Porro, Cubarsí, Laporte, Cucurella— concediendo un solo gol en 630 minutos, sin contar el añadido. He visto a Unai Simón salir del área a despejar un balón con la cabeza, que el balón le cayese a Doué y que Simón volviese, quién sabe cómo, para parar el tiro con la entrepierna. He visto a Dani Olmo jugar como los ángeles y he leído a Mikel Oyarzábal en plan Moisés bañado en Lexatín, calmando las aguas antes de abrirlas: "Estáis en una onda un poco negativa, no sé muy bien el motivo". He visto a España meterse en la final sin necesidad de tirar de Yamal o Nico, pero jugando mejor que todos, de igual forma.

Ayer, justo antes del ocaso, alguien me preguntó por el domingo. Yo miré al cielo y contemplé una nube. La tarde era rojiza y amarilla.

Motivos hay.

Y confianza.

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