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Un mal y muchos frentes

Los bombardeos a la luz del día sobre Afganistán, las primeras víctimas civiles, las nuevas amenazas televisadas del grupo de Ben Laden y la inestabilidad crítica de Pakistán centran la crónica de la guerra que se refleja en las portadas y editoriales del día.

El Mundo plantea el dilema moral que suponen los llamados “daños colaterales” que, como la muerte de los cuatro empleados de la ONU en Kabul, están presentes en toda guerra. A pesar del repudio que a toda persona de bien causa la muerte de personas inocentes, este diario señala que “hay momentos en la Historia en los que el rechazo frontal de la guerra es un error, porque la pasividad acabará siendo mucho más dañina para la sociedad y para las personas que si plantan cara a una amenaza grave”. Abandonando el paralizante tono de su editorial del martes, El Mundo rechaza la inhibición pacifista recordando la situación de 1939, “cuando –no lo olvidemos- numerosos movimientos pacifistas, que ocupaban el espectro desde la extrema derecha hasta el socialismo, clamaban contra un enfrentamiento con Hitler. Sólo la ceguera de algunos puede negar hoy que la amenaza del terrorismo integrista supone una amenaza al sistema de las libertades semejante a la que se vivió hace seis decenios. Además, el régimen que hoy ampara a esos terroristas es uno de los más odiosos del Mundo. En resumen, -sentencia El Mundo- la guerra es justa y necesaria, aunque dolorosa.

El País, por su parte, centra su editorial en los numerosos grupos de pakistaníes que se han manifestado violentamente contra la acción militar de EE UU y contra el apoyo prestado por su gobierno. A pesar de que Musharraf parece controlar de momento la situación, El País pone de relieve que el mayor partido islamista de Pakistán ha amenazado con sacar a millones de sus seguidores a la calle y que han tenido que ser depurados algunos de los mandos militares más pro-islamistas. Por ello, señala que cuanto más se prolongue la campaña militar, más riesgo de desestabilización habrá en ese país. También destaca el rechazo que en Pakistán causa la Alianza del Norte, contraria a los pastunes, y que pueda ser la que sustituya a los talibanes en el Gobierno de Kabul, señalando que ha sido el propio Musharraf quien ha reclamado que se les mantenga “a raya” pidiendo un “Gobierno equilibrado y amigo” de Pakistán. El País apunta acertadamente que la comunidad internacional puede verse obligada a una larga presencia sobre el terreno con el fin de generar estabilidad y construir un Estado en Afganistán. “La paz también tendrá que internacionalizarse y apuntalarse con una ayuda económica que así mismo habrá de ir a Pakistán”, concluye El País.

ABC se ocupa de otro frente de no menor importancia como es el de la televisión. Para este diario la respuesta militar y sin imágenes de Bush para huir del tremendismo y de la morbosidad y contribuir a recuperar la moral de EE UU ha sido alterada por la irrupción de la cadena de televisión de Qatar Al Yasira, la unica presente en territorio afgano controlado por los talibanes. “El ferreo control de la información audiovisual nos ha dejado sin referencias y perdidos en medio de una guerra contra el terrorismo en el que las maniobras arteras de Ben Laden y sus golpes de efecto son las únicas imágenes del conflicto. El manual de la estrategia terrorista es muy claro: convertir al verdugo en víctima y lanzar el mensaje de que los ataques contra Afganistán, que protege y ampara al genocida saudí, son un ataque a la esencia misma del mundo árabe.” Señalando las trágicas consecuencias de este hecho ABC concluye señalando que “por el momento Ben Laden ha conseguido acaparar tanta atención informativa como el propio presidente de los EE UU. Eso es lo verdaderamente peligroso: que un terrorista pueda convertirse en guía y referente de cientos de millones de personas por haber sabido manejar perversamente los tiempos. Urge ganar también la batalla mediática y evitar que la figura de Ben Laden se propague".

En la crónica nacional hay que destacar el golpe de timón que Odón Elorza trata de imprimir en el PSE coincidiendo –en el tiempo y en muchas otras más cosas- con la presentación del libro escrito al alimón por Felipe González y Juan Luis Cebrián. ABC y La Razón se limitan a criticar al ex presidente del Gobierno por declarar que la monarquía ha perdido relevancia por culpa del Gobierno de Aznar, pero no afrontan la mucho más dañina y relavante declaración en pro del acercamiento a los nacionalistas que la pareja de marras volvió a defender en la presentación de su libro. No obstante estos dos diarios, al igual que El Mundo, sí tratan en portada o en editorial la difícil situación por la que atraviesa la heroica y firme defensa de los postulados constitucionalistas de Nicolás Redondo y la mayoría de los socialistas vascos frente a las maniobras de Odón Elorza y la inhibición de la dirección nacional del PSOE. ABC titula en portada que Redondo no descarta dimitir tras la pasividad de Zapatero, mientras La Razón, acertadamente, afirma que lo que quieren Elorza y Eguiguren es que el PSE vaya de la mano del PNV y sacrificar a los socialistas que, en defensa del modelo de Estado constitucional y por las libertades, pactaron con el PP. No menos certero está El Mundo al advertir del “mal que harían los socialistas vascos en variar una estrategia conjunta con el PP que ha debilitado a ETA, como la propia banda ha reconocido”.

El problema, en su origen. Ardores monárquicos aparte.

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