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La batasunización sindical de Telemadrid

Amenazas, intimidaciones, coacciones... es el pan nuestro de cada día para muchos trabajadores de Telemadrid en el punto de mira de los sindicalistas.

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Amenazas, intimidaciones, coacciones... es el pan nuestro de cada día para muchos trabajadores de Telemadrid en el punto de mira de los sindicalistas.

La televisión autonómica madrileña lleva años en una situación difícil, pero tras las últimas decisiones sobre el futuro del ente público, que supondrán el despido del 80% de la plantilla, el ambiente se ha deteriorado definitivamente y los trabajadores más vinculados a los sindicatos han iniciado una campaña de intimidación y acoso en el peor estilo batasuno.

Varios trabajadores y trabajadoras de Telemadrid han contado a Libertad Digital el calvario que vienen sufriendo en una empresa que ya vivía una situación de cierta tensión pero en la que la situación se ha exacerbado desde que el pasado día 27 de noviembre, cuando centenares de trabajadores amedrentaron a sus compañeros que habían decidido no seguir la huelga.

Tal y como contó ese mismo día Libertad Digital, un desfile de unos 500 trabajadores recorrió las instalaciones de la televisión señalando a sus compañeros y portando, detalle que desde el Comité de Empresa se había ocultado, cruces negras impresas en folios blancos.

Una "procesión siniestra", tal y como lo define una persona que trabaja en Telemadrid y que nos ruega, como todas los demás que han hablado sobre el tema, que no revelemos ni su nombre ni detalles que puedan hacerla reconocible, ya que temen por su seguridad.

Varios testimonios coinciden en que la demostración resultó "denigrante": "Nos sentimos señalados como en la Alemania nazi, es una experiencia que nos ha traumatizado a muchos", asegura una persona que habla de "un salto" en la violencia psicológica que ya venía viviéndose en la cadena.

Insultos y amenazas

Aunque la demostración del día 27 fue en silencio, eso no hacía el trago más fácil: "Estaban a una distancia en la que podías sentir su aliento", nos dice una persona. También hubo espacio para gestos amenazantes: según un testimonio al que ha tenido acceso Libertad Digital, uno de los participantes en el desfile apuntó a un periodista de Telemadrid con el dedo y reprodujo el chasquido de un disparo.

La intimidación y las amenazas también se trasladan por otras vías: hay un seguimiento permanente de lo que las personas de la casa que no están cerca de los sindicatos dicen en espacios como Twitter, donde son atacados y recriminados desde perfiles anónimos.

Otro hecho que ha podido conocer Libertad Digital es el correo electrónico que recibió un directivo de la casa en el que aparecía la foto de un fusil Kalashnikov con "instrucciones para actuar en caso de despido" que pasaban, por supuesto, por el uso del arma.

La situación es todavía más dura en aquellos casos en los que las intimidaciones se hacen cara a cara, aunque siempre en situaciones en las que el sindicalista amenazante juega con ventaja. Especialmente comentado en la empresa es el caso de una periodista que al entrar en el coche con un cámara para cubrir una información tuvo que oír como éste le decía "ten mucho cuidado que esta cámara pesa mucho y se te puede caer encima".

Más groseros son los comentarios que algunas trabajadoras de la cadena han tenido que soportar en el peor tono machista que imaginarse pueda y utilizando expresiones denigrantes. Por ejemplo, aunque no hemos tenido acceso a todos los detalles de la conversación, según varios testimonios un miembro destacado de los sindicatos le dijo a una trabajadora "ayer llorabas –fue una de las personas que no pudo contener el llanto durante el desfile del día 27- y hoy vuelves a chupar pollas".

Carteles en las paredes

La estrategia de "intimidación, venganza y odio", tal y como la define una persona de la cadena, tiene también su reflejo en prácticas muy típicas de entornos de terrible recuerdo: carteles con el rostro de personajes conocidos de la emisora como Isabel San Sebastián, Ana Samboal, José Antonio Ovies, Hermann Tertsch o Fernando Sánchez Dragó han aparecido colgados por las pareces con mensajes insultantes en el que el menos denigrante es la palabra "¡Culpable!" entre exclamaciones.

Otros carteles especialmente llamativos son los de niños, supuestamente hijos de trabajadores del ente público, que se cuelgan por las paredes con leyendas como "eres culpable de que echen a mi papá" o "no voy a tener qué comer". Usar a sus hijos como propaganda no es un problema para los sindicalistas de Telemadrid.

También hay gestos simbólicos que resultan especialmente repugnantes, como el de la técnica de sonido encargada de colocar el micrófono a los presentadores que lo hace con guantes de látex, "para no tocar a sus compañeros" según ha contado a Libertad Digital.

Boicoteando la cadena

La "lucha" de los que dicen "defender lo público" no se ha limitado a atacar a los trabajadores y compañeros sino que se ha cebado también con la propia cadena, no sólo en los días de huelga en los que la emisión se suspende por completo, sin servicio mínimo que valga; sino incluso en los días en los que se debía emitir, supuestamente, con normalidad.

Así, un programa tan relevante informativamente hablando como el especial sobre las elecciones catalanas de la noche del 25 de noviembre se emitió con el sonido de fondo de una impresionante cacerolada que se desarrollaba en el exterior del estudio.

De hecho, el boicot alcanza momentos en los que casi resulta cómico: en ocasiones los sindicalistas suben a la planta por encima de los estudios y allí saltan y golpean el suelo de forma que durante las grabaciones o los directos se perciben los golpes, y focos y otros elementos de la iluminación o los decorados se balancean.

Aporrear las puertas ruidosamente durante un programa o en cualquier parte de la empresa es un comportamiento habitual, mientras que la cafetería se ha convertido en territorio comanche: "Si entra alguien que no es de su grupo golpean con los vasos en las mesas y hacen un ruido impresionante", nos cuentan, "el otro día dos personas bajaron a tomarse un café y les rodeó un grupo de decenas de sindicalistas, acorralándolos hasta que se fueron".

Cuando con este tipo de presiones consiguen echar a alguien del recinto "aplauden y vitorean" y también se han oído insultos de un mal gusto especial: hace unos días se dirigieron a un trabajador llamándolo "maricón de mierda".

Preocupación y decepción

Los trabajadores que están sufriendo este acoso transmiten a Libertad Digital una mezcla de sentimientos: por un lado, obviamente, de indignación; por otro hay también una evidente preocupación porque se observa que en cualquier momento puede aparecer la violencia física: "Procuramos no quedarnos solos en ningún sitio y, por supuesto, no salir solos del edificio".

Del mismo modo, hay quien se muestra decepcionado: "Puedo entenderles, pero están yendo contra quien no tiene culpa", nos dice una persona. "Están castigando a sus propios compañeros y estamos muy dolidos, si tienen una queja que la lleven a la dirección general o a la CAM", dice otra.

Un trabajador señala que "la mayoría" de la plantilla creo que "se está pasando, están generando un clima de violencia que no es la respuesta, muchos preferirían trabajar en lugar de hacer huelga, pero prefieren no pasar por esto".

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