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La "voluntad del pueblo", según Junqueras, topa con el deber de la Guardia Civil

Dos oficiales del Instituto Armado describen la violencia frente a la consejería de Economía y una conversación con el líder de ERC.

(Barcelona)
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La "voluntad del pueblo", según Junqueras, topa con el deber de la Guardia Civil
Dos de los fiscales del 1-O | EFE

"Tiene que entender que es la voluntad del pueblo". Esa es la frase que Oriol Junqueras le dijo al teniente de la Guardia Civil que dirigía el operativo de seguridad del registro de la consejería de Economía el 20 de septiembre de 2017. "Respondí que él debía entender que yo tenía que hacer mi trabajo", añade el policía. El cruce de palabras y de miradas merecería un capítulo en el Momentos estelares de la humanidad de Stefan Zweig.

El vicepresidente de la Generalidad, Oriol Junqueras, salía de la consejería tras haber permanecido una hora en su despacho. Una comitiva judicial registraba los despachos de varios altos cargos con una orden del juzgado de instrucción número 13 de Barcelona. Miles de personas se agolpaban a las puertas del edificio en el que se practicaba el registro. Habían cortado el tráfico y llevaban desde las nueve y media de la mañana pegando voces. Insultaban a los agentes apostados en las puertas. Les lanzaban objetos y les hacían gestos. Se pasaban el dedo índice por el gaznate. Dos mundos entraban en conflicto. La república catalana y el orden y la ley del himno de la Benemérita.

Oriol Junqueras había hecho su entrada en la consejería acompañado por cuatro guardaespaldas. El detalle suscita una de las anécdotas del día en el juicio en el Tribunal Supremo. Comparece el primer testigo de la jornada, un capitán del Instituto Armado que en septiembre del 17 era el teniente de la policía judicial que dirigía los registros en la consejería de Economía. Explica que el entonces vicepresidente se personó con esa pompa en el lugar de los hechos. El letrado del aludido, Andreu Van den Eynde, le pregunta si está seguro de que eran guardaespaldas o podían ser personas. El tribunal no puede contener la risa. El presidente de la sala, Manuel Marchena, recuerda al letrado que "los guardaespaldas son personas". No puede contener la risa.

Sànchez, "jefe" de orden público

Del testimonio del capitán destaca que, a su juicio, la intendente de los Mossos Teresa Laplana, responsable de seguridad en el distrito del Ensanche, no se enteraba de nada ni consideraba que fuera una alteración del orden público el corte al tráfico de la confluencia de la Rambla de Cataluña y la Gran Vía de Barcelona. Y que Jordi Sànchez, entonces presidente de la Assemblea Nacional Catalana y ahora encausado preso y candidato de Puigdemont al Congreso, llevaba las riendas del orden público. En anteriores sesiones del juicio se constató que el exconsejero de Interior, Joaquim Forn, había llamado a primera hora al jefe de los Mossos, el major Josep Lluís Trapero, para que se pusiera en contacto con Sànchez a fin de comentar el orden público en el escenario del delito.

La intendente contestaba amén a todo lo que decía Sànchez, erigido en maestro de ceremonias de la situación. Según el capitán, era el interlocutor de "la masa", que es como se refiere a la concentración frente a la consejería. Sànchez llegó a llamar a Trapero en presencia del teniente que dirigía la seguridad y trató de pasarle el teléfono. El guardia rehusó entrar en comunicación con el jefe de otro cuerpo policial. No consta en el protocolo de la Guardia Civil, no es su estilo.

"Compañeras" de los Mossos

El relato del capitán también incide en que hubo "mossas" que se apiadaron de los guardias y les ofrecieron comida. Se refiere a ellas como "compañeras". Cuando la comitiva se planteó abandonar el edificio acarreando las evidencias incautadas a pesar de la falta de garantías, una de ellas le dijo: "Estáis locos. Si salís con las cajas os matan".

La "voluntad del pueblo" y el trabajo de dos tenientes de la Guardia Civil, el jefe de la policía judicial y el de los Grupos de Reserva y Seguridad, GRS, entran en colisión. Los manifestantes aprietan, la letrada judicial sugiere salir en helicóptero, el jefe operativo de la Benemérita analiza la situación y comisiona a un agente para que esté preparado si es el caso de retirar una antena para facilitar la maniobra.

La profusión de detalles desquicia a las defensas. El letrado Jordi Pina pregunta al teniente de los GRS por qué no fue tan florido en su declaración ante la Audiencia Nacional del 16 de octubre de 2017. Marchena amonesta al abogado, le pide que no acose al testigo. Los testimonios de los guardias civiles contribuyen a solidificar el delito de rebelión y resultan especialmente perjudiciales para el expresidente de la ANC, Jordi Sànchez, cuya mediación era una suerte de anticipo de la Cataluña republicana dispuesta a autodeterminarse pocos días después, el 1-O. Sànchez era una autoridad ante la que los mandos de los Mossos rendían pleitesía. Y Junqueras se exhibía con cuatro guardaespaldas. La "voluntad del pueblo" concluía ante el teniente de la Guardia Civil responsable del dispositivo de seguridad del 20-S.

Las armas en los coches

Jornada clave respecto a las armas que había en los vehículos de la Guardia Civil devastados ante la consejería de Economía. El teniente explica que dejó las armas largas cerradas en el maletero porque no acostumbran a entrar armados en los registros. Recuerda la situación de alerta terrorista para explicar las armas y municiones que portaban ocultas en los vehículos, así como su condición de grupo de control de orden público.

Otra jornada negra para las defensas de los golpistas. Los dos guardias, tenientes en el momento de los hechos, son los testigos de cargo de mayor peso, junto a la letrada judicial, en torno a la violencia golpista frente al registro judicial de la consejería de Economía.

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