
Siempre se ha dicho que la mayor victoria de Satanás es hacernos creer que no existe. Y pocos casos demuestran la verdad de este aserto como el de José Luis Rodríguez Zapatero, que no es que haya sido poseído por las fuerzas del mal, desde la avaricia a la vanidad, sino que él mismo ha sido el Mal y su encarnación engañosa de Pánfilo Tontáinez, dos décadas.
No es que no hubiera advertido de sus planes de rescatar a la ETA y asumir lo que planteara el separatismo catalán, porque lo hizo, por ejemplo cuando en el Palacio de los Deportes de Zaragoza dijo: "aceptaré lo que envíe el Parlamento de Cataluña", que fue el Estatuto anticonstitucional. Tampoco se esperaba, apenas llegado al Gobierno tras la desvergonzada manipulación de la masacre del 11M, que este Bambi caritonto y frasibobo desertara de la guerra de Irak, aunque ya había mostrado su odio a los USA al paso de su bandera en el desfile del 12 de octubre. Y desertó, contra su propio calendario y, para liquidar toda la política exterior española desde hace siglo y medio, incluida la de UCD y el PSOE desde la llegada de la democracia, y creó la Alianza de Civilizaciones con el islamista Erdogan, una fórmula de tiempos de Joméini que, como hemos visto luego, se ha extendido a la fraternidad con todas las terminales del terrorismo iraní.
El proyecto satánico de destruir la católica España
Pero el fin último de su proyecto, y para eso necesitaba a la ETA, era liquidar el legado de la Transición y edificar un régimen nuevo, sobre las ruinas del constitucional del 78, que reencarnara el del Frente Popular de la II República. Allí, la Derecha no podía llegar al Poder so pena de Golpe de Estado, y el terrorismo comunista y separatista forma parte del bloque de Poder, que iba siempre más allá del Gobierno de turno. Zapatero buscaba lo mismo. Y resucitó la Guerra civil con la Ley de Memoria Histórica. Y tras arruinar la economía nacional, huyó sin presentar unas cuentas desastrosas.
Fue tan descarada la estafa, ocultó de forma tan artera el estado real de las cuentas del Reino, que ni siquiera los socialistas le guardaban un mínimo de respeto. Era un apestado políticamente y un negociante apestoso al servicio del régimen venezolano, y allí, en nuestra embajada, convertida en cueva de Alí Babá, se había atrincheró, con los niños bonitos de Tierno en el PSP: Raúl Morodo y José Bono, su ministro de defensa y comisiones.
Que un pésimo administrador hunda un país y que, además, robe a mansalva y salga rico del Poder, es, hasta cierto punto, natural. Lo han hecho casi todos los líderes del socialismo real, en el Este y en el Oeste. Que un psicópata irresponsable crea que puede romper España y después recomponerla en clave confederal es lamentable, pero no necesariamente un asalto a las arcas del Estado, mientras los desvalijan los federados. Pi y Margall buscaba en la República federal y cantonal un pacto sinalagmático entre todas las partes a las que primero soltaba para que luego se juntaran de nuevo, pero era un hombre honrado, Galdós relata que, para comer, le subían cada día de la taberna un bistec, una cerveza y un vaso de vino, y, hala, a seguir deshaciendo España sinalagmáticamente. Lo poco que duró.
Madina y el interesado silencio de pastores y corderos
Lo que es digno de estudio y, a mi juicio, prueba la condición satánica de Zapatero, lo revela la reacción de los suyos tras el auto del juez Calama, resumen del sumario que, seguramente, mañana se hará público. El otro día veía a uno de esos socialistas que amenazan con ser buenos y no llegan a serlo nunca, se atrincheran en la condición de aparatchiks del partido y se jubilan como eterna promesa de regeneración. Urquizu y, sobre todo, Madina serían los modelos de ese liderazgo moral en eterno gatillazo que, tras secundar todas las canalladas y traiciones de sus jefes, al llegar la crisis, reaccionan manifestando su perplejidad, pero nunca condenan nada.
El otro día vi a Madina en la SER reaccionando ante el auto del juez Calama y lo único que hacía era no reaccionar, "porque no podía, porque situaba a Zapatero en un lugar que no le correspondía y en el que, por tanto, él no era capaz de entrar" –"quizás culpa mía", decía el hipocritón- aunque luego daba la explicación de su parálisis moral e intelectual: "he estado a su lado muchos años, en su ejecutiva y en su grupo parlamentario, y por eso no soy capaz de entrar, en un territorio en el que no le correspondía estar".
¡Ay, Madina! ¡Bien que usabas tu condición de víctima (retribuída) del terrorismo para insultarme a mí en El Mundo cuando atacasteis la AVT! ¡Bien que te empleaste a fondo para legitimar el pacto con tus verdugos! Al lado de esa traición, robar o cobrar por asaltar el dinero público no es nada. Lo que os molesta es que podamos constatar que por supuesto, todos sabíais que robaban Bono, Morodo y Zetapé de Venezuela, como los de Podemos, y luego los Ábalos, Koldos, Cerdanes y las putas colocadas en los ministerios. ¿Nunca leíste nada sobre Zapatero respaldando el robo de las elecciones de Venezuela? ¿La violencia contra Edmundo? ¿Negarse a llamar dictadura a Caracas? Vuestra complicidad quedaba difuminada, casi borrada, por esa mueca de ingenuidad tirando a idiotez que exhibía para disimular el robo de las bolsas de comida de los pobres.
Satán se hacía el tonto mientras la Familia Averno se forraba
Lo satánico de ZP era hacerse el tonto, para que los listos pasaran por inocentes. Las infantas de Belcebú también parecen poseídas. Pero ya no son las góticas de la Cabaña del Tío Obama. Pasados los treinta, y tras el notable curso de actuación que hemos visto de una de ellas, si les ponen en la cuenta corriente medio millón de euros por maquetar informes orales, de inocentes nada. Socias de papá, y culpables a título de lucro, como mamá.
