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Javier Somalo

Bambi mató a su madre

Todo ser humano puede negarse, llegada la treintena, a seguir a una sombra tenebrosa, aunque sea la de su padre.

El expresidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, llegando a la Audiencia Nacional para declarar como investigado. | EFE

Fue Bambi el que mató a su madre. ¡Y qué callado se lo tenía! En esta casa nunca engañó a nadie, pero las rotativas guardan muchas planchas de portadas que hoy deberían sonrojar a más de uno. No hubo tragedia bucólica. Ni cazador capitalista sediento de sangre. El cervatillo lo tenía todo previsto, por eso llegó a reinar en el bosque tras la enorme confusión de un devastador incendio que dejó 193 muertos.

¡Cuántos han presumido de hablar casi a diario con el cervatillo de la ceja!, el peor maquiavélico, el que nunca leyó El Príncipe porque ya le apodaban "Mi Prínsipe" en el clan del narco bolivariano. Oro, petróleo, divisas, joyas o arte aunque en las calles oliera a pólvora y en el Helicoide quebraran, hueso a hueso, la libertad de un pueblo pobre en un país inmensamente rico. La Justicia dirá, si acaso la democracia subsistiera al Golpe, cuánta culpa tuvo España, ahora sí, en la tragedia americana. Aquí hay muchos culpables, además del reo, por acción, omisión y sumisión que ahora dicen que no, que siempre han estado del lado de la libertad. Nada más falso.

La Alianza de Civilizaciones, tan elogiada por tantas portadas, era una multinacional del petróleo que tenía a Zapatero de bróker, luego capo. ¿Dos millones por buque cargado? Ya lo quisiera Trump para Ormuz. Pero la frágil memoria española nunca deja de borrar, como si fuera el más agresivo y devastador Alzheimer de nuestra nación: "Nunca Máis", gritaban los zapaterianos para echar a Aznar por el Prestige, por Irak, o por lo que fuera. A cambio, Talante, Memoria Histórica y Paz. Nunca un presidente había dejado más presuntos delitos encima de la mesa cometidos antes, durante y después de su paso por el poder.

Y del galgo a su casta. No es culpa de la (poca) prensa independiente que dos de nuestros presidentes involucraran a sus familias en la vergüenza de su Poder absolutista. No, el problema no era "la mujer de Aznar" —nunca decían Ana Botella—, que entró en política a la vez que su marido, en Logroño, con oposiciones ganadas y ninguna expectativa realista de poder. Todo eso, afortunadamente, ha dejado de ser el comodín de la izquierda que gritó en Vallecas y ahora duerme en Galapagar.

De maridos y mujeres ya no quiere hablar nadie, ni los vicepresidentes revolucionarios que colocaron ministras iletradas, ni los presidentes que acomodaron catedráticas de coña. Y cuánta culpa vuelve a tener aquí este (santo) oficio de la prensa.

Sonrisas y Lágrimas

Quizá fue Gertrudis la que enseñó el do-re-mi a las góticas. ¡Y qué culpa tienen!, claman algunos. Pues la que les llegue, que no será ni más ni menos que la que merezcan porque todo ser humano puede negarse, llegada la treintena, a seguir a una sombra tenebrosa, aunque sea la de su padre, por más ingresos que genere. Y si no, pues que las instruya la misteriosa Gertru ante la ausencia moral del padre: "la peor medicina con azúcar pasará". O sea, que se hagan un Aldama como Dios manda y salven su alma gótica flamígera en el frío altar de la Justicia verdadera. ¿Sabían lo que pasaba? ¿Se han enriquecido de golpe sin hacer nada? Hasta Pedro Sánchez concluiría el razonamiento de forma contundente como cuando sometió a la Fiscalía: "¡Pues ya está!".

De Sabiniano, padre de Begoña, a Laura y Alba, hijas de Zapatero hay un rastro indeleble de corrupción que está acabando con el prestigio de una nación. Viene a la memoria ese principio que los constituyentes de Cádiz plasmaron en el artículo 2 de La Pepa:

La Nación española es libre e independiente, y no es ni puede ser patrimonio de ninguna familia ni persona.

Pues la familia socialista es la flagrante negación de aquel sagrado principio. Con el PSOE, sobre todo con Zapatero y Sánchez, no ha habido gobiernos sino tapaderas para delinquir sin tregua a costa de la sufrida nación. Por eso, pese a la sensación de impunidad, han ido perdiendo poder democrático y han tenido que encamarse con lobos y víboras. Por eso ya ni se pueden presentar unos presupuestos. Porque sólo viven para fabricar coartadas y tramar la huida más rápida y corta posible.

El que venga, y parece que será el PP con apoyo de Vox si al fin entienden el problema, está obligado a demoler sin miramientos el asentamiento corrupto de familias que se ha instalado en nuestra democracia. No será fácil, pues las instituciones son chabolas regentadas por padrinos entregados a su causa en cuerpo y alma. De hecho, la Justicia y los cuerpos policiales llevan muchos años infiltrados… en realidad lo han estado siempre, aunque el PP gobernara con mayoría absoluta, y eso complica mucho la tarea de pasar el algodón con resultados fiables.

Pero habrá que confiar en los que siempre están donde deben, incorruptibles, porque los hay en todas partes, sean jueces, fiscales, jefes policiales o periodistas sin pasado que esconder. Ha sido gracias a ellos cuando la mafia ha tenido que mirar al portal escondida tras las cortinas. Ya suben a por ellos.

Con tesón, con algo de suerte y creyendo en que los actos tienen consecuencias, la nación española podrá sacudirse de encima este Estado corrupto. El que colabore, como Aldama, que aligere su pena. El que se resista, que pague a la vista de todos. Funciona casi siempre y con casi todo el mundo, sean padres o hijos.

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