La gran amistad con Marruecos
Sánchez ha preferido irse de vacaciones mientras en la morgue de Ceuta no caben más cuerpos.
España tiene una mala salud de hierro. De ahí que aguante, al menos de momento, la intemperancia de un Gobierno antiespañol sostenido por los independentistas catalanes y los separatistas vascos. Eso y las frecuentes muestras de amistad de Marruecos. Ah, Marruecos. Ese bello y exótico país que envía lo más granado de su infancia a estudiar en España, así como a su juventud más prometedora, todos futuros ingenieros... Normal que la embajada de Rabat en Madrid se llene de ministros y altos cargos de nuestro Gobierno en la Fiesta del Trono. Y aún más normal que en España se pretenda organizar el Mundial de 2030 con Marruecos, país que ya reclama la final en señal de "respeto amigo".
En Ceuta ya saben lo que hay. Lo mismo que en la España quemada y en Adamuz. "Si quieren ayuda, que la pidan". El presidente del Gobierno ha dado por concluido el episodio y se ha tumbado a la bartola mientras Óscar Puente ha llegado al extremo de tuitear la siguiente frase: "Otra crisis más que resuelve Pedro Sánchez". Lo de este personaje merece un estudio reposado. Por mucho que se hable de la degradación de la política lo de Puente resulta inexplicable. "Otra crisis más que resuelve Pedro Sánchez"... No se puede ser más pelota, más rastrero y más patético. O sí, porque ahí está Fernando Grande-Marlaska y su estudiado desaliño atendiendo a los medios en calidad de ministro de Interior de Marruecos. Sí, de Marruecos.
José Manuel Albares, el perfecto lechuguino y el solemne relamido, merece capítulo aparte. Qué manera de hundir la imagen de un país que viene de ganar una Copa del Mundo de fútbol. No se salva ninguno. Ábalos a su lado es un hombre de Estado y un caballero. Este es un Gobierno fallido, que no es lo mismo que un Estado fallido. A pesar del saqueo sanchista del Estado, todavía quedan uniformados y jueces que sostienen los pilares de una sociedad democrática, ciudadanos que se organizan para garantizar la seguridad pública en las barriadas de Ceuta y hombres y mujeres que van a trabajar sin miedo a las inquietantes miradas de los indultados de Mohamed VI por la fiesta de su trono, la crème de la crème de las más prestigiosas penitenciarias del país norteafricano aporreando las puertas de nuestras casas.
La historia ha puesto ante Pedro Sánchez una oportunidad única para la redención, una ocasión legendaria, un momento extraordinario para pasar a los anales como el presidente del Gobierno que plantó cara al gran amigo marroquí, el típico vecino que no hace más que reírse de ti mientras sacude el mantel en tu balcón, deja su basura en tu puerta, te roba la correspondencia y pretende ocupar tu casa.
Sánchez ha preferido irse de vacaciones mientras en la morgue de Ceuta no caben más cuerpos. Confirma todas las sospechas sobre su sumisión a Marruecos. Y sus ministros le doran la píldora. Somos una presa fácil para cualquiera. Si el Tíbet nos declarara la guerra seguramente estaríamos en un buen aprieto. No tenemos un Gobierno. La corrupción es clave. Pero no son una banda. Es mucho peor. Se trata de una secta en la que todos sus miembros rinden ciega obediencia al galgo de Paiporta, el conejo de Ceuta. Con semejante Ejecutivo, de aquí a las próximas elecciones puede pasar cualquier cosa. Hasta que no se celebren.
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