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El separatismo vuelve a enseñar los colmillos tras el "éxito" de Bruselas

Candidatos y cargos de C's, PP y PSC sufren las iras de manifestantes separatistas envalentonados por las encuestas y la manifestación en Bélgica. 

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Candidatos y cargos de C's, PP y PSC sufren las iras de manifestantes separatistas envalentonados por las encuestas y la manifestación en Bélgica. 

El separatismo enseña los colmillos. Los candidatos de Ciudadanos, PP y PSC afrontan el tramo final de la campaña en plena escalada de amenazas, insultos, acoso y señalamiento. La lista de Puigdemont y la CUP envían mensajes coincidentes en torno a la abolición del 155 y la restauración de la república y ERC trata de evitar el sorpasso del expresidente con un cambio de registro. Han vuelto la unilateralidad y el optimismo a las filas nacionalistas tras la manifestación de Bruselas. También la agresividad.

El alcalde de Lérida, el socialista Àngel Ros, ha sido duramente increpado esta madrugada por manifestantes que intentaban impedir el cumplimiento de la orden judicial de traslado a Aragón del patrimonio de Sijena. Los Mossos d'Esquadra han tenido que formar un muro humano para evitar que los elementos del Comité de Defensa de la República jaleados por la exdiputada de la CUP Mireia Boya accedieran a las puertas del museo. Esa misma dirigente ha recomendado a Ros que se abstenga de aparecer "a menos de quinientos metros del museo".

El nuevo tipo de acoso

El domingo por la noche se produjo otro de esos episodios que ponen en tela de juicio el tan cacareado pacifismo de los separatistas. Andrea Levy es la primera afectada de una nueva práctica de amedrentamiento de los nacionalistas. Se trata de rodear el séquito de un candidato y alzar los móviles con un lazo amarillo en la pantalla, lo que en ambiente nocturno es de gran efectismo.

Levy, número dos de la lista del PP por Barcelona, quiso visitar el pesebre viviente de San Fausto de Campcentelles, población barcelonesa de algo más de ocho mil habitantes y se encontró con un grupo de individuos que le rodearon con los móviles en ristre y la siguieron durante un buen trecho, hasta echarla del lugar.

El separatismo también enseña los dientes en las redes y en ocasiones no son cuentas anónimas, sino las de personas de cierta relevancia social, como la expresidenta del Parlament Núria de Gispert, devenida en radical y que acusa a todo el que no piensa como ella de facha. O el director del Instituto de Nanociencia y Nanotecnología de la Universidad Autónoma de Barcelona (UAB), Jordi Hernández Borrell, que ha eliminado su cuenta en Twitter tras emitir el siguiente mensaje: "Iceta es un impostor. Un ignorante y un demagogo que vive del partido desde hace 30 años. Tiene los esfínteres dilatados y baila al son de C's y PP. Es un ser repugnante". El profesor ha presentado su dimisión, aceptada por el rector, este lunes y ha pedido disculpas públicamente. Aún así, la Fiscalía ha confirmado este lunes que ha abierto diligencias para investigar a Hernández Borrell por el mensaje homófobo que publicó. El objetivo de la investigación es determinar si el mensaje podría ser constitutivo de un delito de provocación a la discriminación por motivos de orientación sexual.

En este contexto, las juventudes del PSC han denunciado una nueva agresión. Tres jóvenes, una menor entre ellos, fueron agredidos el domingo por la noche por unos invididuos que dieron vivas a la banda terrorista "Terra Lliure" y lanzaron consignas contra los socialistas y su candidato. El delito de los jóvenes fue colocar carteles electorales en Hospitalet de Llobregat. Uno de los chicos de las Joventuts Socialistes de Catalunya (JSC) fue arrinconado contra una pared y recibió puñetazos y patadas en la cara y el cuerpo por negarse a cesar en la colocación de carteles.

La exhibición de Bruselas, a pesar de las sospechas sobre la generosidad de la policía belga en el recuento de manifestantes, ha reactivado a las fuerzas separatistas. La CUP reivindica los Comités de Defensa de la República, que se conjuran en las redes sociales para captar interventores, llenar los colegios electorales y ejecutar un recuento paralelo. La ruptura, la desobediencia y la resistencia regresan a los discursos. Los CDR vuelven a las calles y los partidos del l55 se abstienen de hacer campaña en localidades como Vich, donde el paseo electoral de un candidato "unionista" se considera una provocación fascista.

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