Las mujeres venezolanas e iraníes no existen para Irene Montero y Cía. Ellas no merecen su flotilla libertadora ni su Barbie Caracas/ Teherán. No veremos a Greta Thunberg atada frente a las puertas del Palacio del líder supremo Jamenei, en Teherán, pidiendo la caída del régimen y la liberación del pueblo iraní, tampoco a Ione Belarra frente al Palacio de Miraflores reclamando la excarcelación de los presos políticos venezolanos, entre los que se encuentran 180 mujeres.
La eurodiputada del pañuelo palestino pensó que el Parlamento Europeo es como el español; donde los diputados pueden lucir en su hemiciclo cualquier indumentaria, por ofensiva que sea. Montero odia a María Corina. Es fácil entenderlo; Machado representa todo lo que la podemita nunca será; una mujer formada a base de esfuerzo, valiente, justa y generosa hasta el extremo de poner por delante de su vida y la de sus familiares una causa mayor: la libertad del pueblo venezolano.
Lo de Irán tiene una explicación mucho más burda, pero es la esencia misma de Podemos y su farsa: el dinero. Pablo Iglesias se financió del régimen iraní siendo diputado, de los ayatolás cobró a través de una productora que financiaba su programa Fort Apache, en Hispan TV. Lo de cabalgar contradicciones siempre se les dio bien a los Iglesias – Montero. Ahora cabalgan de la mano del régimen chino.
Para Irene Montero vale más una mujer de Gaza que una joven en el Nova Festival, una abuela montonera que una mujer venezolana torturada en La Tumba, una inquiokupa que una estudiante iraní masacrada por no cubrirse el cabello. Este es el feminismo postmoderno de Podemos.
Recomiendo a Irene, también a Ione, a Greta paso, que lean a sus hijos, en especial a las niñas, Persépolis, el libro de Marjane Satrapí. Este cómic les ayudará a entender lo que les sucede a las mujeres en un país cuando gobiernan los sátrapas que patrocinan a su padre y silencian a su madre. Ojalá ellos nunca lo tengan que sufrir.


