Menú

España: vía libre al burka

Rosana Laviada, subdirectora de Es la Mañana de Federico, analiza la polémica por la votación en contra de la prohibición del burka en España.

Rosana Laviada, subdirectora de Es la Mañana de Federico, analiza la polémica por la votación en contra de la prohibición del burka en España.

A las mujeres de la izquierda y a las independentistas les gusta el burka. Miriam Nogueras, Ione Belarra, Yolanda Díaz, la mismísima ministra de Igualdad, Ana Redondo, deben encontrar algo romántico en esta vestimenta que es una cárcel para millones de mujeres en el mundo; si no es así, no se entiende que hayan votado en contra de su prohibición en los espacios públicos en España. Como no se entiende, tampoco, que no hayan dicho nada al respecto del último informe de Médicos del Mundo que alerta de que, sólo en Navarra, 4.000 niñas corren riesgo de mutilación genital femenina, 15.000 en toda España. No, las diputadas más feministas tampoco han dicho nada de los matrimonios forzados ni de la detención del imán de Ripoll por abusar de una menor.

Casi peor que el voto en contra a la iniciativa parlamentaria de VOX apoyada por PP y UPN, ha sido su justificación; es aquí donde la izquierda más moderna hace despliegue de todas sus excusas. Desde el autor de la propuesta, hasta razones sociológicas, religiosas, incluso costumbristas.

Me avergüenza como mujer vivir en un país que permite este modo de tortura y que, además, lo justifica. Como explica Hannan Serrouk, el pañuelo islámico o hiyab es un símbolo de la opresión del Islam. Un distintivo de las musulmanas buenas frente a las malas, por eso también debería ser prohibido en la escuela como está sucediendo en varios municipios madrileños.

Hace dos años Yolanda Díaz, vicepresidenta y ministra de Empleo, se lamentaba porque, según ella, "en Madrid no había horizonte". La líder de SUMAR se recreaba en su crítica a la capital e introducía en la historia a su hija que, según su relato, explicaba a sus compañeras de instituto las maravillas del horizonte en Galicia. Las mujeres con burka, 22 millones se calcula sólo en Afganistán, llegan a perder la visión parcial o total de los ojos al observar la vida a través de una rejilla. Gracias a votos como el suyo, el horizonte se perfila oscuro, sin opción, - como diría Luz Casal - también para ellas en Finisterre.