Tras un periodo prolongado de crecimiento continuo en las estimaciones de voto, Vox ha comenzado a mostrar signos de estancamiento e incluso de retroceso en los últimos sondeos nacionales. Las cinco principales encuestas publicadas recientemente, cuyos trabajos de campo se realizaron tras las elecciones autonómicas de Castilla y León, coinciden en señalar un cambio de tendencia demoscópica para el partido de Santiago Abascal.
Los datos reflejan como mínimo que Vox ha dejado de sumar apoyos al mismo ritmo vertiginoso que en los meses anteriores y, de hecho, muchas de ellas señalan que se ha emprendido el camino contrario: incluso una señalaba que los de Abascal han perdido dos puntos en solo un mes.
Este mismo lunes se han publicado otros dos estudios que ilustran esta dinámica: el barómetro de Sigma Dos para el diario El Mundo y el de 40dB para El País. Mientras que el segundo muestra una caída muy leve de apenas una décima, el estudio de Sigma Dos marca un retroceso más pronunciado de 1,2 puntos en un solo mes.
Más allá de los porcentajes, el sondeo de Sigma Dos revela una clave fundamental sobre los movimientos del electorado conservador y es que se ha frenado la sangría de voto que iba del PP a Vox. Hace un mes, las estimaciones indicaban que alrededor de un millón y medio de antiguos votantes del Partido Popular tenían intención de apoyar a Vox. En la actualidad, esa cifra se ha reducido a menos de la mitad, situándose por debajo de los 700.000 electores.
Hay tres factores principales que, en su conjunto, podrían explicar este cambio de ciclo. El primero se deriva del resultado de las pasadas elecciones en Castilla y León. Aunque Vox logró un resultado positivo y un porcentaje histórico a nivel autonómico, el partido había generado unas expectativas de crecimiento extraordinarias. Al no cumplirse de forma rotunda y verse superados por el crecimiento del propio Partido Popular, "se rompió un poco ese relato de partido que está completamente en ascenso y que no para de subir".
El segundo factor que está penalizando a la formación en los sondeos es la prolongada negociación para la constitución de gobiernos autonómicos en regiones como Extremadura o Aragón. Ante la dilatación de los pactos, Vox parece estar perdiendo la batalla del relato frente al PP respecto a quién es el responsable de los bloqueos institucionales. Y, cuando buena parte de su electorado concibe al partido como una herramienta para acabar con el PSOE y acabar con la izquierda, esa indefinición y el retraso en la formación de ejecutivos conservadores genera incomprensión y desgaste.
El tercer elemento, que agrava la situación al sumarse a los dos anteriores, es el ruido derivado de las recientes crisis internas. La salida o el relegamiento de figuras destacadas y bien valoradas por la derecha, como Iván Espinosa de los Monteros o José Ángel Antelo, ha generado desconcierto. La falta de explicaciones claras proyecta en ciertos sectores la imagen de que el partido es una especie de pequeño cortijo, como un club que solo controlan unas pocas personas cuyas prioridades no están claras del todo. Esto diluye la percepción de Vox como un proyecto de respuesta moral a la izquierda y a cierta derecha, una de sus principales señas de identidad fundacionales.
La continuidad a largo plazo de esta tendencia de estancamiento o incluso de retroceso tendrá su prueba de fuego en las próximas elecciones de Andalucía. Las encuestas en la región ya muestran una desaceleración en las expectativas del partido. Si el PP logra mantener la mayoría absoluta y Vox no experimenta un avance muy significativo, se confirmaría que las recientes caídas mensuales no eran una anomalía estadística, sino el comienzo de un nuevo escenario político para la formación.

