
ETA, como buena organización marxista-leninista, decidió adoptar la estrategia de frente amplio. La idea, heredera de la tradición soviética, consiste en repartir los esfuerzos entre diversas organizaciones, legales e ilegales, dentro de un paraguas común. De ese modo podían colaborar en la causa quienes no estuvieran dispuestos a pegar tiros en la nuca a concejales y además facilitaba medios económicos y propagandísticos desde los cuales amplificar el terror y el odio. Incluso permitía a aquellos más capaces de engañarse a sí mismos convencerse de que no estaban apoyando a la banda terrorista, sino únicamente defendiendo unas ideas comunes, pero renunciando a la violencia.
Obviamente, Herri Batasuna, como brazo político, era la rama más conocida de ese frente amplio, pero también estaba Jarrai, donde militaban las juventudes de la kale borroka y que servía de cantera a ETA, el sindicato LAB, medios como Egin, los colectivos ecologistas que señalaban la central de Lemóniz para que los pistoleros asesinaran a sus ingenieros, las Gestoras Pro Amnistía, etc. Era una organización criminal conocida en conjunto como Movimiento de Liberación Nacional Vasco. Y sólo tras el impulso de los tribunales y del Gobierno de Aznar para acabar con todos sus tentáculos, ETA acabó contra las cuerdas. Años más tarde, Zapatero llegó a un trato con ellos que permitió la supervivencia de todo el resto de la empresa a cambio de que cerraran sólo el departamento terrorista. Y por eso lo llaman el mejor presidente de la democracia.
Obviamente, no hace falta ser un grupo terrorista para organizarse de esta manera. Pero resulta especialmente útil a cualquier tipo de organización criminal, porque les permite mantener aparatos legales que los apoyen y protejan mientras niegan cualquier relación directa. Por eso funciona así la PSOE. Tiene su partido político, el PSOE, sus sindicatos, sus medios y periodistas, sus asociaciones feministas, ecologistas y profesionales en todos los ámbitos posibles –incluyendo policías, jueces y fiscales– y a miembros de la organización infiltrados en todo aquello que tenga una mínima importancia en España, sea público o privado. Todo ello funcionando a pleno rendimiento para que no quede nadie sin chupar de la teta pública, sea legal o ilegalmente, y que nadie saque un dedo de ese calcetín que es el PSOE state of mind.
Resulta divertido lo ingenuo de eslóganes que equiparan a PP y PSOE y que califican al primero de PSOE azul. No dudo que haya en el PP quien quiera convertir al partido en una máquina de poder y corrupción comparable a la PSOE. Pero no hay ni capacidad, ni ganas ni estómago. El PP es sólo un partido. No hay organizaciones supuestamente civiles que se coordinen con los populares para tener sus causas permanentemente en debates y telediarios. No hay sindicatos. Ni siquiera medios dispuestos a inmolarse en el altar de Bárcenas. No hay frente amplio en la derecha.
De la PSOE en cambio sólo podemos dudar de si el capo es Sánchez o Zapatero. Pero de cómo funciona no se puede tener ninguna duda salvo tapándose los ojos y gritando lalalalala muy fuerte durante años. Décadas, incluso. Es natural que en días como este miércoles o el martes de la semana pasada nos regocijemos de que por fin se esté haciendo justicia. De que España aún puede salvarse. Pero conviene no engañarse. El frente amplio de la PSOE sobrevivirá también a esta debacle mientras no reciba un ataque frontal y directo contra todas y cada una de sus ramas. Y que no llegue un Zapatero que lo resucite cuando ya estaba muerto.
