
Es la pregunta que nos sale del alma cuando comprobamos que entre nosotros, que nos creemos ciudadanos de bien, que cumplimos las leyes y las normas morales cívicas, que pagamos religiosamente los recibos y los impuestos, que creemos tener buena voluntad y sentido común, que respetamos la libertad de los demás como si fuera la nuestra y exigimos reciprocidad, que observamos hasta las reglas básicas de urbanidad y toleramos que otros no crean en nuestras creencias, aparecen personas que no consideran nada sino a sí mismos y a la tribu a la que pertenecen.
Me quiero referir a esta desgracia nacional conocida como Leire Díez y el fétido pestazo moral que se desprende de su libreta de notas. No aludo ahora a sus increíbles anotaciones sobre Prisa, el PSOE, P. S. y otras barbaridades, para mí criminales, que espero que sean investigadas hasta el final por los jueces y los fiscales que hayan resistido a su persecución y acoso.
Me voy a detener en uno de sus apuntes. Entre la corrupción, la conspiración para delinquir, la indiferencia ante los bienes y servicios públicos y demás desórdenes éticos que en sus líneas pueden detectarse, hay uno que me ha parecido estremecedor. Dice así, textualmente: "Vieira mató a su mujer aunque lo disfrazaron como un acto de accidente doméstico que nunca se investigó".
Lo primero que se aprecia es que ese tal Vieira mató, cometió un crimen, un asesinato. Esto, comparado con la pubofilia de Ábalos, con su cleptomanía junto con otros como Koldo y Cía., con las mentiras sistemáticas de toda esta tropa de infames, con sus conspiraciones de poder, sus pucherazos y sus fraudes académicos o no, es un subidón de nivel que debe conducir a una investigación detenida y minuciosa.
¿Qué por qué nos creemos el contenido del apunte de esta sicaria? Porque todos los demás no solo resultan verosímiles, sino que en el caso de sus apuntes sobre el manejo del diario El País y otros, son de una evidente y escandalosa veracidad. ¿Por qué iba a mentir en esta frase si, además, no esperaba que nadie encontrara jamás ese cuadernito en el que acumulaba datos contra terceros y trazaba planes para aniquilar enemigos? No, no. Leire no es ninguna Antoñita la Fantástica, como se creyó, sino una ejecutora dotada de poder de exterminio por el único que podía dárselo: P. S.
Veamos. No solo mató a su mujer sino que "lo disfrazaron como un accidente doméstico". Pero, ¿quiénes? El uso del plural parece referirse a varios. ¿Personas de su familia? ¿Sus amigos? ¿Sus socios o compañeros de negocio, trabajo o partido? ¿Tal vez las Fuerzas de Seguridad del Estado? ¿Los médicos que certificaron el accidente? ¿Quiénes? Como puede deducirse, el tema es más que complejo y puede afectar a muchas personas y, tal vez, a instituciones.
Tampoco es baladí preguntarse por el móvil del crimen y por las circunstancias. Una caída por la escalera puede haber sido provocada pero es fácilmente disfrazable de accidente. Un envenenamiento, o asfixia, un golpe… No hace falta ser Hércules Poirot para concluir que con esos mimbres es posible engañar a cualquier médico de buena fe que certifica la muerte de un familiar sin mucha pesquisa, dado el dolor que se supone presente. Otra cosa es un tiro, un navajazo, un martillazo en la cabeza…
También está lo de que "nunca se investigó". ¿Es que el caso llegó a alguna comandancia, comisaría o juzgado y alguna superioridad ordenó que no se investigara? ¿O es que ni siquiera llegó a salir de un grupo de cómplices que decidieron en el acto proteger al asesino mediante el espeso silencio que hace posible la impunidad de los criminales?
Y, claro, quedan, al menos, dos cosas más. Una, ¿cómo es que ha llegado la noticia del crimen a esta verduga de P. S. y por qué la valora como algo relevante, tanto que lo apunta en su libreta con propósitos, no puede haber duda, de usos chantajistas y extorsionadores? ¿Contra quiénes? ¿Contra el propio Vieira o contra otros cómplices de aquel crimen? Dos: ¿quién es el asesino, según Leire, Vieira? ¿Es ese su apellido real? ¿Es un seudónimo?
¿Qué clase de gente es ésta que apunta en un papel la confesión que alguien le hace de un crimen y que, en lugar de correr hacia el juzgado de guardia más próximo a denunciarlo lo escribe en sus papeles para usarlo como munición política, judicial, policial o personal para mayor honor y gloria de su partido y de su One, P. S.?
Me viene a la cabeza que cuando se desarrollaba el fanatismo ecologista, hacia 1975, muchos devotos del nuevo credo sagrado se sentían con el derecho, convencidos de la veracidad indiscutible de sus dogmas, a decidir quién puede hacer según qué cosas, quién puede tener o no tener algo, quién puede vivir de una manera o no e incluso quién debe morir. "Todo sirve y es lícito para defender a los animales en extinción. El hombre debe ser denunciado y combatido porque los humanos son el cáncer del planeta, los causantes del desequilibrio y la destrucción de la naturaleza", proclamó Paul Ehrlich, uno de sus voceros.
Cuenta el fundador y ex de Greenpeace, Bjørn Lomborg, en El ecologista escéptico, que el FBI supo que "un grupo ecológico neutralizado por la Oficina Federal de Inteligencia, en Maryland, se proponía robar sustancias destinadas a la guerra bacteriológica y utilizarlas para exigir el cumplimiento de dictámenes de un autotitulado Tribunal Ecologista, tales como el cierre del zoológico público, la prohibición de tener perros y otros animales domésticos, el utilizar automóviles y una extensa lista de vacunas y medicamentos elaborados mediante células de conejos, ratas y monos". Tal cual.
No es que me cebe con los ecologistas. Es que en ellos, como en las más puras religiosas confesiones o utopismos políticos, anidan los que, bajo la nobleza de unas creencias que ellos suponen superiores, dan rienda suelta a –y justifican– su tendencia al exterminio de quienes no comulgan con sus ideas. Son matones, esbirros de los líderes sin alma que los incendian con sus proclamas. Nada nuevo en el PSOE ni en la izquierda. Nada nuevo en Leire salvo la inquietud porque continúe intacta la tradición criminal de buena parte del PSOE.
"Para mí no puede ser democracia, ni libertad, ni justicia, el asesinato, el robo, el pillaje, la violación, el atropello, la ausencia total de poder y autoridad. Todo ello anterior a la revuelta militar y causa de ella, aunque ustedes no quieran oírlo. Y afortunadamente que contra eso se ha levantado alguien, porque si no estaríamos ahora a la altura de la desgraciada Rusia", escribió a una amiga socialista Clara Campoamor, ahora desfigurada por comandos leirefatales, en diciembre de 1937.
En fin, que cuando se anotan crímenes de este modo y por ese tipo de gente, todos estamos ya en peligro.
