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Pornografía sentimental

Todo lo que ha rodeado la tramitación, votación y fracaso de los Mierdecretos Marimónguer ha sido un ejercicio continuado de pornografía sentimental.

Todo lo que ha rodeado la tramitación, votación y fracaso de los Mierdecretos Marimónguer ha sido un ejercicio continuado de pornografía sentimental.
Pedro Sánchez e Isabel Rodríguez a su llegada a la sesión del Congreso en la que se han rechazado sus dos decretos sobre vivienda. | Eduardo Parra / Europa Press

Alberto Ibáñez tiene la peor cara posible para ser diputado: tiene cara de tonto, probablemente porque lo es. El portavoz de Compromís-Sumar vio pasar a la popular Ester Muñoz en el patio del Congreso y se puso a pegar alaridos de lunático. "Lo vais a pagar". Es un mensaje que han transmitido todos los miembros de la coalición chavista desde que se supo que los decretos Maricarmen no iban a superar el trámite parlamentario. "Les va a costar caro", tuitearon al alimón los ministros Bustinduy y MeMa. En las redes y en las teles, el cuarto poder aúlla histérico porque el Gobierno pierde dos votaciones en el Parlamento. En las calles, una muchedumbre escuálida de un par de centenares de perroflautas con grandeza de España, activistas, oportunistas y desocupados berrea consignas para preadolescentes acneicos. En RadioPerro lo describen así: "Una inmensa marea humana rodea el congreso". Los que venían a salvarnos de los bulos y la posverdad se inventan las cosas sin el menor pudor.

Todo lo que ha rodeado la tramitación, votación y fracaso de los Mierdecretos Marimónguer ha sido un ejercicio continuado de pornografía sentimental. Los acampados de Sol sintiéndose trascendentes y entregando titulares rimbombantes mientras la anciana les daba ánimos tumbada en una cama de hospital como si estuviera exhalando su último aliento; las declaraciones altisonantes e impostadas de todos los partidos que aún apoyan al sanchismo en descomposición, y, por supuesto, el espectáculo no por habitual menos denigrante del periodismo oficialista haciendo de correveidile de las ideas de bombero del Gobierno.

Y en realidad, cuando uno aparta la hojarasca, la realidad es asombrosamente sencilla: los excretos Maricarmen son dos textos ridículos que parecen escritos por niños analfabetos, cuyas consecuencias negativas son evidentes para cualquiera que tenga un mínimo de raciocinio y de comprensión lectora. Lógico, tratándose de dos leyes redactadas deprisa y corriendo en cuatro días tirando de la demagogia más estomagante, para contentar a un puñado de fanáticos sin nada que hacer salvo dar el coñazo.

Llevamos años así. El sentido común y la tradición democrática dicen que no se tiene que legislar en caliente, porque las leyes así pergeñadas acaban siendo contraproducentes. El ejemplo más palmario en nuestro país fue la Ley del sólo Sí es Sí, aquel caprichito ridículo de niña mimada que Irene Montero le impuso al Congreso al calor del caso de La Manada y que provocó un desastre que luego tuvieron que venir los adultos a arreglar. Pero es que el sanchismo no tiene otra opción. Llevamos años con una sucesión de estados emocionales alterados y campañitas demagógicas: el Colegio Mayor Elías Ahuja, el bulo de los pinchazos veraniegos, la carta a la ciudadanía de Sánchez cuando imputaron a su mujer, y todos los etcéteras que se le puedan ocurrir a uno. Todo es humo. Cuatro años sin presentar presupuestos, algo tan inconstitucional como inaudito. A falta de hechos, sólo queda la propaganda. Y, como sucedió con el procés, el espejo en el que se mira el sanchismo, todo el relato gubernamental se basa en el control estricto, a través de unos medios comprados, del discurso público, la agenda y las emociones de una masa infantilizada y fanatizada.

El Egomaníaco en jefe ha anunciado que se va a tomar un par de días libres para reflexionar. La última vez que lo hizo la cosa acabó con la fontanería socialista contactando con narcotraficantes para que mataran a la jueza del hermanísimo de Sánchez. No hay nada que el sanchismo no esté dispuesto a hacer para permanecer en un poder que creen que les pertenece por derecho divino. Toca agarrarse los machos y prepararse para la campaña electoral más larga, sucia, demagógica y violenta de la historia reciente de España.

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