
El secretario de Estado de los Estados Unidos, Marco Rubio, ha vuelto a situar a Venezuela en el centro de la agenda exterior de la Administración Trump, trazando una línea directa entre el éxito de la Transición española y el futuro que ansía para la nación venezolana. Durante una comparecencia clave ante el Senado, Rubio ha invocado el proceso democrático que vivió España tras 1975 como el espejo en el que debe mirarse Caracas para desmantelar el aparato autocrático.
"Hay precedentes", afirmó Rubio con rotundidad ante el Comité de Exteriores. El jefe de la diplomacia estadounidense no dudó en citar los ejemplos de España o Paraguay como pruebas de que es posible pasar de regímenes autocráticos a democracias plenas, aunque reconoció que son procesos que "llevan tiempo".
A pesar de la complejidad del escenario venezolano, Rubio subrayó un cambio de paradigma respecto a la inacción de décadas anteriores: "Habíamos pasado 14 años intentando cambiar la dinámica. Esta es la primera vez en más de una década que vemos la posibilidad real de cambiar las condiciones de la sociedad".
De hecho, en una entrevista en Es la Mañana de Federico, la periodista de investigación y politóloga, Maibort Petit, ha señalado que "el mismo Marco Rubio lo ha planteado. Estoy de acuerdo con eso. En este momento, se tiene que crear una verdadera legitimidad, no una parte oscura en la que el sistema prohibió que María Corina se inscribiera, que Corina Yoris se inscribiera… Esas no son unas elecciones libres".
Un ultimátum al inmovilismo
Aunque evitó fijar un calendario rígido, el secretario de Estado fue tajante al afirmar que la actual situación de interinidad y asfixia institucional "no puede durar para siempre". Para Washington, el objetivo es ver avances significativos en un plazo de tres a seis meses, enfocados especialmente en la recuperación de la vida cívica y la libertad económica, hoy aniquiladas por el intervencionismo y la corrupción del régimen.
Rubio destacó la importancia de pasar del contacto diplomático telefónico —que mantiene de forma fluida con la heredera del chavismo, Delcy Rodríguez— a la acción directa sobre el terreno junto a la sociedad civil.
Fiel a la doctrina de la Administración Trump, el mensaje de esperanza para una Venezuela "democrática y próspera" no llegó exento de advertencias. Rubio dejó claro que, si bien el deseo de la Casa Blanca es una transición pacífica y amigable, no se descarta el uso de la fuerza en caso de que el Gobierno de Rodríguez decida no cooperar plenamente con los objetivos de libertad y estabilidad marcados por Washington.
