El dictador cubano Díaz-Canel, ¿traidor o cabeza de turco en las negociaciones con Trump?
El líder del régimen comunista no ha compartido la declaración de cooperación con EEUU. Ha sido el único, ¿por qué?
Ningún movimiento es casual en estos momentos de alta tensión en las relaciones entre Cuba y Estados Unidos. Desde que los Delta Force enviados por Donald Trump capturaran al sátrapa venezolano Nicolás Maduro y su esposa —Cilia Flores— hace justo un mes, el régimen comunista se encuentra entre las cuerdas.
La dictadura caribeña se quedó sin su principal distribuidor de petróleo —Venezuela, que le facilitaba decenas de miles de barriles diarios— justo cuando pasa por la peor crisis energética de su historia. Situación que Trump ha sabido aprovechar para forzar una negociación que pueda desembocar en un cambio de régimen en Cuba.
Por eso, presionó a México hasta que interrumpió los envíos de crudo a la isla. Y, finalmente, firmó una orden ejecutiva por la que se fijaba la imposición de aranceles a los países que suministraran petróleo a la dictadura caribeña. La reacción inicial de la dictadura fue la de mostrar fortaleza. Decían estar preparándose para defender la patria con su sangre.
Aparentemente, el régimen no estaba dispuesto a ceder ante "el mercenarismo, el chantaje o la coerción militar" de Estados Unidos, en palabras de su canciller Bruno Rodríguez. Sin embargo, para entonces ya se habían iniciado los contactos con la administración estadounidense. El propio Trump lo avanzaba el 11 de enero y lo confirmaba el pasado domingo.
"Estamos hablando con las más altas esferas", aseguró el mandatario estadounidense. "Creo que vamos a llegar a un acuerdo". "Seremos amables, pero las cosas tienen que cambiar", añadió con tono conciliador pero firme, "el tiempo del comunismo se acabó". Previamente, el régimen cubano había realizado movimientos muy reveladores.
El ministerio de Relaciones Exteriores de Cuba (MinRex) emitía unas horas antes un comunicado en el que respondía —acusación por acusación— a los argumentos en los que el presidente estadounidense basó su orden ejecutiva para la imposición de sanciones a aquellos países que les pudieran suministrar petróleo.
"Cuba condena de manera inequívoca el terrorismo en todas sus formas y manifestaciones, al tiempo que reafirma su compromiso de cooperar con los Estados Unidos y otras naciones para fortalecer la seguridad regional e internacional", señalaba el MinRex. El mensaje ha sido difundido a bombo y platillo por el régimen comunista, con una llamativa excepción.
La declaración del MinRex ha sido compartida desde la cuenta en X de la Cancillería, pero también desde la de Presidencia, la de Bruno Rodríguez, la del Partido Comunista Cubano (PCC), la del periódico Granma —que abría con esta noticia la portada de su edición impresa del lunes— y otros medios del régimen —como Cubadebate—.
Es decir, que (casi) todos los departamentos y órganos importantes del régimen se han adherido a la condena del terrorismo y lucha contra el lavado de dinero que parecía ser el escollo principal con Estados Unidos. Todos menos uno, Miguel Díaz-Canel. El dictador no ha compartido la declaración del MinRex.
Ignora la declaración
Y, aunque ha bajado el tono en sus declaraciones, sigue haciendo alarde de los ejercicios tácticos de su ejército en sus redes. A través de X, el pasado 31 de enero aún condenaba "en los términos más enérgicos la nueva escalada del gobierno de los Estados Unidos contra Cuba, compartiendo —esta vez sí— el comunicado que emitió la Cancillería tras el anuncio de aranceles de Trump.
"La decisión es una: ¡Patria o muerte! ¡Venceremos!", concluía el dictador. Por tanto, se plantean distintos escenarios posibles en relación con las negociaciones que se estarían produciendo entre el régimen cubano y la administración estadounidense. Y que Trump ha vuelto a corroborar en las últimas horas.
¿Al margen o en el ajo?
Dado que Bruno Rodríguez y el departamento que dirige parecen estar llevando la voz cantante en las conversaciones con Estados Unidos, cabe pensar que pudiera ser así porque éste haya dado por perdida la cabeza de Díaz-Canel (posiblemente exigida por Trump) y le ha dejado al margen, en un intento por salvar la suya y que las negociaciones lleguen a buen puerto.
Otra posibilidad es que Díaz-Canel esté al tanto de todo y mueva los hilos en la sombra, pero mantenga un perfil bajo como estrategia. Bien para seguir al frente del Gobierno si no hay acuerdo con Estados Unidos. O bien porque sea el "traidor" que Trump buscaba para que —como ha hecho Delcy Rodríguez en Venezuela— caiga el régimen de forma progresiva y sin violencia.
En este último escenario, Díaz-Canel podría acabar su vida retirado en algún país comunista. Se rumorea que podría ser Rusia, aunque parece más probable que fuese algún país latinoamericano afín. A cambio, eso sí, debería entregar a Trump un preciado trofeo: la cabeza de Raúl Castro. Estados Unidos acusa al hermanísimo —que heredó el poder de Fidel— y su familia de violaciones de los Derechos Humanos.
Lo más popular
-
El documento clave de Adif de la línea de Adamuz identificó 34 "amenazas" en materia de seguridad -
Una pareja decide morir junto a sus hijos y mascotas: "Los menores tenían importantes problemas de salud" -
Gonzalo Bernardos vaticina cuándo va a convocar elecciones Pedro Sánchez -
Sonia, Pilar, Paqui... propietarias responden a Irene Montero por su señalamiento tras caer el decreto antidesahucios -
Sacamos la media de las encuestas en Aragón: el resultado es triste para Alegría y no muy alegre para el PP
Ver los comentarios Ocultar los comentarios