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Continúa la sangría de altos cargos iraníes: Israel y EEUU eliminan al portavoz de la Guardia Revolucionaria

Sería el último eslabón de una campaña que está dejando a Irán sin cadena de mando, capaz sólo de resistir mediante el chantaje energético mundial.

Sería el último eslabón de una campaña que está dejando a Irán sin cadena de mando, capaz sólo de resistir mediante el chantaje energético mundial.
Manifestación en Teherán por el Día de Jerusalén, una protesta establecida por el régimen de los ayatolas. | EFE/EPA/ABEDIN TAHERKENAREH

La ofensiva total de Israel y Estados Unidos contra Irán, iniciada el 28 de febrero, ha vuelto a golpear el corazón de la estructura de propaganda y represión del régimen.

Este viernes, la Guardia Revolucionaria —el brazo armado de la teocracia de Teherán— ha confirmado la muerte de su portavoz, el general de brigada Alí Mohamad Naini, que "ha caído mártir". Naini, que ejercía como director adjunto de Relaciones Públicas del cuerpo de élite, ha caído en lo que Teherán ha calificado como un "acto terrorista traicionero". La Guardia Revolucionaria ha ensalzado su trabajo "durante más de cuatro décadas" en "la protección de la Revolución Islámica".

El golpe se produce en una fecha de alto simbolismo religioso, en vísperas del fin del Ramadán, subrayando la vulnerabilidad total de una tiranía que se desmorona por momentos, aunque mantiene en jaque al mundo entero por su bloqueo del estrecho de Ormuz y la ofensiva al suministro energético, golpeando la economía no sólo de los países del Golfo Pérsico sino de todo Occidente.

Sangría sin precedentes de altos cargos

La eliminación de Naini no es un hecho aislado, sino el último eslabón de una campaña de precisión quirúrgica que está dejando a Irán sin cadena de mando. Solo en la última semana, el Mossad y las fuerzas estadounidenses han neutralizado a piezas clave del tablero. Entre ellos, Ismail Jatib, el hasta ahora todopoderoso ministro de Inteligencia; Alí Lariyani, secretario del Consejo Supremo de Seguridad Nacional y, hasta su muerte, el rostro político más relevante del país; y bajas de la cúpula militar, como el comandante en jefe de la Guardia Revolucionaria, Mohamad Pakpur, y el jefe del Estado Mayor, Abdorrahim Musaví, y otros organismos de seguridad.

Además, cabe recordar que esta ofensiva descabezó al régimen desde el primer día, cuando se confirmó la muerte del líder supremo, Alí Jamenei, marcando un punto de no retorno en el conflicto. Además, el nombramiento como líder supremo de su hijo, Mojtabá Jameneí, está rodeado de sospechas, pues todavía sigue sin saberse su estado físico real. Convertido en el epicentro de todas las intrigas en Teherán, el hecho de que no haya aparecido en público se interpreta como una forma de no crear un vacío de poder aún mayor, que podría acelerar la desintegración del orden teocrático. Lo único cierto, y admitido por el propio régimen de los ayatolas, es que Mojtabá Jameneí resultó también herido en el ataque del 28 de febrero en el que falleció su padre y varios miembros de la familia: su esposa e hijo murieron en el acto y su cuñado resultó decapitado.

Opacidad en las cifras de bajas

No sólo existe oscurantismo sobre la salud y el estado real del actual líder supremo, Mojtabá Jameneí, sino que, como es costumbre en las dictaduras islámicas, la transparencia también brilla por su ausencia en cuanto a las cifras de bajas. El régimen dejó de ofrecer datos oficiales el pasado 5 de marzo, cuando reconoció apenas 1.230 muertos.

Sin embargo, la realidad a pie de calle que reportan organizaciones como la ONG opositora Hrana (Human Rights Activists News Agency) — considerada una fuente de alta fiabilidad por organismos internacionales como la ONU, la Unión Europea y las grandes agencias de noticias internacionales, pues cuenta con una red de voluntarios y contactos dentro de Irán que operan de forma clandestina— es mucho menos favorecedora para los intereses propagandísticos de los ayatolas: la cifra real de fallecidos se elevaría ya a 3.134 personas, evidenciando que la capacidad de resistencia iraní se encuentra más comprometida de lo que oficialmente se reconoce.

Teherán continúa con el chantaje energético

Mientras tanto, en la tercera semana de guerra los bombardeos sobre puntos estratégicos de Teherán son constantes. Ante la incapacidad de defender su espacio aéreo y el descabezamiento quirúrgico de la cadena de mando, el régimen ha optado por recurrir al chantaje energético como forma de resistencia. Por un lado, atacando instalaciones energéticas, como la refinería de Ras Laffan.

Por otro, manteniendo bloqueado el estrecho de Ormuz, con la amenaza de asfixiar el suministro mundial de crudo con el objetivo de forzar una tregua con Israel y EEUU. Ante esta situación, Reino Unido, Francia, Alemania, Italia, Países Bajos y Japón han expresado este jueves su disposición a "contribuir a los esfuerzos" necesarios para garantizar el tránsito seguro por el estrecho de Ormuz. Un cambio de posición que deja a España y a su presidente, Pedro Sánchez, en una posición muy desairada, quedando como único mandatario de un país importante en el continente que se queda al margen de esta respuesta a una amenaza para la economía de todos.

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